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Las prioridades en el fútbol varían según quién esté al margen. Partiendo de la obviedad de que todos los equipos, y todos los entrenadores, desean marcar cuantos más goles mejor y recibir cuantos menos mejor, unos ponen más el acento en la primera premisa y otros en la segunda. Todos llenos de razones estadísticas. Viniendo de donde se venía, el Celta apostó el pasado verano por un proyecto con Rafa Benítez al frente, quien desde el primer día mencionó que una premisa principal era recudir el número de tantos encajados en la mayoría de las campañas precedentes. Doce meses después, está al mando Claudio Giráldez, que basa su fútbol más en la búsqueda de la portería rival que en la protección de la propia.
Porque el hecho de encajar menos goles es trascendente, pero no definitivo. En las 25 ligas en Primera que se llevan disputadas con el mismo sistema de puntuación y de descensos, en 13 ocasiones el campeón ha sido el que menos encajó, pero en otras 12 no sucedió así. Que se lo pregunten a Atlético de Madrid o Valencia, que en cinco y cuatro ocasiones, respectivamente, fueron los menos goleados sin ser ganadores. O al propio Celta, que en la campaña 2005/2006, con Fernando Vázquez en el banquillo, terminó con sólo 33 goles en contra marcando el mínimo junto con el conjunto che, pero fue el Barcelona el campeón con dos dianas más recogidas de su portería pero con 25 más en las de los rivales.
El Celta cerró el actual curso con 57 goles en contra. Una cifra sin duda elevada pero no la más en estas últimas doce temporadas consecutivas en Primera División. Tal deshonor lo tiene la 2016/2017 con 69. Y no es, precisamente, ninguna de las que más se ha sufrido para mantener la categoría. Se trata de la última con Eduardo Berizzo al frente, en la que la Liga quedó en un tranquilo segundo plano, por detrás de Copa del Rey y Liga Europa, pero sin pasar por agobios para acabar en la décimo tercera plaza, la misma que este año y el pasado.
Otro ejemplo de la falibilidad de la obsesión por no encajar goles es que, en todo este último periodo en la máxima categoría, la mejor posición fue la sexta de la temporada 15/16, de nuevo con Eduardo Berizzo en el banquillo. El equipo acabó sexto, logrando la clasificación para la Liga Europa, pese a haber encajado 59 goles, dos más que en el actual ejercicio.
Si el tope superior de goles recibidos en esta docena de cursos está en 69, el inferior está en los 43 de hace dos temporadas, la de Eduardo Coudet completa. Y la clasificación final no fue mucho mejor, con una undécima plaza tras haber sumado cinco puntos más que en el ejercicio recién terminado: 46 y 41.
La apuesta, por lo tanto, ha cambiado. Con las precauciones defensivas propias, el Celta ya no iniciará la temporada pensando como prioridad que debe encajar menos de 57 goles (uno y medio por jornada). Tal vez sí en mejorar los 46 a favor (1.2 por partido) y en tener un gol-average positivo, algo que no logra desde la temporada 2014/2015, la primera de Eduardo Berizzo, hace nueve campañas.
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