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Contra lo que ha sido habitual en anteriores mercados invernales, el Celta se ha ajustado a rajatabla en el recién cerrado al límite salarial preexistente a pesar de que en éste se produjo una única salida y tres llegadas. El club asegura que el tope de 79,8 millones con el que cerró la anterior ventana de transferencias el pasado verano se mantiene, lo que da muestra de lo ajustado de cada movimiento realizado en las últimas semanas para poder reforzar el equipo sin salirse del cauce económico marcado.
Trascendental resultó el adiós de Agustín Marchesín hacia el Gremio. Pese a que la operación no reportó un traspaso, sí permitió aliviar un tope salarial que estaba exigido desde el pasado verano. Desde el club se había reiterado que el margen era poco, aunque existía y la ficha del meta argentino, que no era de las más bajas de la plantilla, permitió acudir al mercado en busca de los futbolistas que reclamaban la mala situación deportiva y el técnico celeste, Rafa Benítez.
La otra aportación para restar en el límite salarial fue el cobro del seguro por la lesión de Joseph Aidoo cuando jugaba para su selección, Ghana. La FIFA tiene en vigor este sistema de compensación que, en el caso del central celeste, el propio club cifra en el entorno del millón de euros.
Frente a estos dos movimientos de ahorro, hubo que afrontar tres aterrizajes en el vestuario y, obviamente, en el gasto. Cierto es que las operaciones no son especialmente onerosas. La única con gasto asociado de traspaso es la de Tadeo Allende, pero la amortización del mismo -que también cuenta para el límite salarial- se reparte en los cuatro años y medio de contrato firmados. Por otro lado, ninguno de los tres recién llegados presenta una ficha elevada, teniendo en cuenta además que en este periodo de tiempo hasta verano sólo hay que cuantificar seis meses.
Todo lo antedicho permite afrontar la recta final de la temporada con cierta tranquilidad económica, obviamente relativa dada la situación deportiva. De si la apuesta en enero es acertada o no hablará el desempeño de los tres refuerzos realizados.
La gestión del límite salarial ha sido uno de los cambios principales en el apartado económico del club tras el cambio en la dirección del mismo del pasado verano, personificado con el relevo dado por Marián Mouriño a su padre Carlos en la presidencia. La variación también fue profunda en el organigrama, con el adiós del ex director general, Antonio Chaves, que acabó provocando la pérdida de poder de la directora financiera los tres últimos lustros, María José Herbón, de baja mientras se ultima su salida del club. Con la llegada de José Gainzarain a la dirección no deportiva y, más recientemente, de Sonia García para llevar las finanzas de la entidad, la fórmula de contención de los salarios varió, como se aprecia en la importante subida del límite: de 64,3 con el que se acabó el pasada campaña al actual 79,8.
En cuanto a los meses de enero, como queda dicho ha sido habitual el incremento del límite tras estos mercados invernales. Así ha sucedido en los cuatro últimos años, aunque en los dos más reciente de forma más comedida. Así, en la 22/23, se pasó de 63,8 a 64,3; y en la 21-22, de 65,5 a 66,4. Más generoso en el incremento se fue con anterioridad y en el curso 20/21 se pasó de 62,5 a 65,1; y en el 19/20, de 62,1 a 68,3. En este caso, tras la gran subida veraniega, se ha logrado la contención. Sin olvidar que sigue siendo el límite históricamente más elevado.
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