El Celta profundiza en su depresión

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Jorge Valdano dijo aquello de que "un equipo es un estado de ánimo". El partido que disputaron ayer Alavés y Celta es una buena muestra de lo acertada de su reflexión. Los vitorianos se despedían de Mendizorroza tras una magnífica temporada que concluirán entre los diez primeros en Liga y disputando la final de Copa ante el Barcelona.

b. barreira. vigo borja.barreira@atlantico.net
Publicado: 15 may 2017 - 11:28
El centrocampista del Celta Jozabed Sánchez conduce el balón durante el partido de ayer contra el Alavés en Mendizorroza.
El centrocampista del Celta Jozabed Sánchez conduce el balón durante el partido de ayer contra el Alavés en Mendizorroza.

Todo son motivos para la alegría. Los vigueses, en cambio, acudían a Vitoria tras quedarse a un suspiro de la final de la Liga Europa, del mismo modo que meses atrás se quedaron –en Mendizorroza– a un paso de la final de Copa. Demasiado dolor acumulado, demasiado reciente el palo de Old Trafford como para levantarse en Vitoria. El Celta ni siquiera tuvo ocasión. Un regalo de Marcelo Díaz a los cuatro minutos fue bien aprovechado por Manu García para adelantar en el marcador a un Alavés que pasado el cuarto de hora ya ganaba 2-0 y superada la media hora, 3-0. El Celta mejoró tras la salida al campo de Pablo Hernández y Iago Aspas, pero quedaba poco que hacer en un encuentro en el que los vigueses profundizaron en una depresión que sólo curará el paso del tiempo. Quizás en un futuro esta temporada agridulce se recuerde con una sonrisa en el rostro.

El error de Marcelo

El partido de ayer en Mendizorroza nació marcado por el grave error cometido por Marcelo Díaz a los cuatro minutos. El internacional chileno se trastabilló al recibir un balón de Iván Villar, no reaccionó con la firmeza necesaria cuando Manu García le presionó y el capitán del Alavés adelantó a su equipo picando el balón ante la salida del guardameta, debutante en Primera. El Celta acudía a Vitoria con la idea de resucitar tras el palo de Old Trafford y las cuatro derrotas consecutivas encajadas en Liga, pero el 1-0 hundió a los celestes, que fueron incapaces de reaccionar.

El control y la posesión

El Celta tuvo la posesión del balón, pero no el control del partido. Superada la media hora había tenido el cuero en sus botas un 65% del tiempo y, sin embargo, perdía 3-0. Porque a los vigueses les faltó la tensión necesaria en defensa para frenar las acometidas de su rival y porque el Alavés aprovechó a la perfección sus llegadas al área celeste. Feddal y Deyverson marcaron y dejaron el encuentro visto para sentencia.

La reacción del Celta

El Celta fue mejor en la segunda parte. En primer lugar, porque el Alavés se relajó, consciente de que tenía el partido en sus manos y de la necesidad de reservar fuerzas pensando en la final de Copa que disputarán contra el Barcelona. En segundo lugar, porque Pablo Hernández y Iago Aspas mejoraron considerablemente el rendimiento de Marcelo Díaz y Bongonda. Tanto 'Chelo' como el belga han estado muy lejos de su mejor nivel en esta recta final de temporada. Su rendimiento sirve para explicar la pésima racha en Liga de un Celta que, sin embargo, ha brillado en Europa gracias a futbolistas como el 'Tucu', Aspas o Jonny, que saltó al césped de Mendizorroza a la hora de partido. Con ellos, el equipo de Eduardo Berizzo fue mejor. La remontada nunca pareció posible, pero al menos el conjunto celeste evitó una goleada de escándalo.

El sprint final

Para curar sus heridas, el Celta necesita victorias o tiempo. Para ganar tendrá dos últimas oportunidades en los partidos que le medirán esta semana al Real Madrid y a la Real Sociedad, ambos en Balaídos. En caso de no conseguirlo, las vacaciones situarán al conjunto celeste y a su afición ante una nueva temporada en la que volverá a soñar con grandes triunfos. El tiempo lo cura todo.

Munuera Montero evitó complicarse en un día tranquilo

El Alavés y el Celta disputaron ayer un partido sin estridencias. Ni los vitorianos ni los vigueses se jugaban gran cosa en Mendizorroza y después de cuatro encuentros entre ambos esta temporada se han cogido incluso cariño. Un partido fácil de arbitrar en el que José Luis Munuera Montero no quiso complicarse demasiado.

En el encuentro de ayer hubo dos acciones que pudieron haber supuesto sendas tarjetas rojas, una dura falta de Alexis sobre Beauvue en la que el central alavesista levanta demasiado la pierna y un golpe en el estómago de Aspas a Feddal durante la disputa de un balón. En ambos casos, el colegiado andaluz decisió castigar las infracciones con amarillas. Alexis fue el único amonestado por parte del Alavés. En el Celta también lo fueron Fontás y Jonny.

Munuera Montero también fue protagonista en la acción que permitió reducir distancias en el marcador al Celta, un penalti de Vigaray a Pione Sisto en el que el árbitro acierta, pues el danés es objeto de falta cuando se interna en el área.

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