Un desconocido que no lo fue
CELTA
Diego Martínez, técnico vigués del Granada, se formó en la cantera celeste y se le recuerda con aprecio
Diego Martínez es un gran desconocido en su casa. El técnico del Granada pasará este domingo por Vigo, su lugar de nacimiento y de sus pasos como futbolista, para medirse al Celta, un club en el que estuvo ocho campañas en las categorías base antes de marchar a buscarse la vida, y el fútbol, por tierras andaluzas. Allí convino que su futuro como jugador era precario y aprovechó sus estudios de INEF para decantarse de forma definitiva por los banquillos. En ello se empeñó hasta que se cruzó en su vida Ramón Rodríguez 'Monchi', que lo reclamó para le cantera sevillana. Su último paso en ella fue entrenar al filial en Segunda División, desde el que pasó a Osasuna y Granada, equipo este último con el que ascendió a la élite, en la que aterriza con apenas 38 años, una edad prohibitiva para entrenar a tales alturas de no ser exfutbolista reputado.
Pero mucho antes de todo esto, Diego se enamoró del fútbol en Vigo y vistiendo la camiseta del Celta. De ellos da fe, por ejemplo, Adrián Rubio, actual técnico del Mondariz y compañero de andanzas deportivas del ahora entrenador del Granada durante ocho años. Y en una edad en la que cada año cuenta mucho. "Era un buen compañero –rememora–. Mantuvimos una relación cercana porque vivíamos por la misma zona y compartíamos coche para ir a los entrenamientos. Una gran persona", resume antes de meterse en el ámbito más futbolístico: "Era un lateral derecho correcto".
De lo que no daba muestra en aquel surgir al fútbol era de que acabaría en un banquillo. "No recuerdo ningún signo de ello, salvo que le gustaba mucho hablar de fútbol, como a mí, y conocer y saber el porqué de las cosas. Pero no daba ninguna pista de lo que iba a acabar siendo, no hablaba más que el resto con los entrenadores... Fue una vez que dejó el Celta cuando se decidió por ese camino", argumenta Rubio.
Hoy por hoy, ambos se sientan en un banquillo, aunque en categorías bien diferentes (el Mondariz milita en Preferente). "Su carrera provoca envidia pero en mis caso no. Lo que yo siento es admiración. Ha sabido aprovechar al máximos las oportunidades", reseña su excompañero. De hecho, ambos han mantenido el contacto directa o indirectamente a lo largo de los años, sabiendo el uno del otro. Y en las últimas fechas, desvela Rubio, se han intensificado las interacciones: "Es un entrenador meticuloso y muy metódico. Desde que yo me he puesto a entrenar, le molesto un poco más. Porque más allá de lo táctico, lo que le distingue es que es muy pasional".
Quizás esa pasión la ocultaba bajo algún signo de respeto cuando era alevín y Carlos Cabezas lo tuvo como pupilo en la cantera celeste. Porque este avezado formador de futbolistas en varios clubes del área viguesa reconoce que "nunca me imaginé que iba a acabar de entrenador". En su caso, su entrenador en esos albores futbolísticos no le seguía la pista pero tuvo un feliz reencuentro cuando la televisión se lo desveló al frente del banquillo del Sevilla Atlético en Segunda. "Me llevé una alegría inmensa. Estoy encantado porque de aquella generación de jugadores ninguno llegó a la élite en el campo, así que me alegra sobre manera que él lo haya hecho en los banquillos", razona Cabezas.
Un jugador de banda
Al echar la vista atrás, su memoria le trae al presente "un chaval de 10 años muy educado dentro de un grupo de muy buenos jugadores. Yo no lo veía con el carácter como para ser entrenador, pero sí que era enormemente trabajador". Como futbolista, reseña su entrenador en tan precoz edad, "no era titular indiscutible. La verdad es que manejábamos muchos jugadores. Lo utilizábamos –él y Jorge Domínguez– como lateral derecho e incluso algunas veces como interior también por esa misma banda".n
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