La euforia precedió a la depresión
celta
Llegaron a Valladolid ilusionados. Ni las mala sensaciones dadas por el equipo en las últimas jornadas, ni las cuatro derrotas consecutivas, ni las cinco jornadas sin ganar, ni el largo viaje en el día de muchos de Vigo a Pucela impidieron que un millar de celtistas acudieran ayer al estadio de Zorrilla para animar al conjunto de Miguel Cardoso.
Cuando todo falla, siempre queda la afición. La del Valladolid cumplió su papel recibiendo al cuarteto arbitral con 16.000 cartulinas rojas, tamaño DIN A3, para protestar por el tratamiento del VAR hacia su equipo en partidos precedentes y, de paso, influir en las decisiones de los colegiados. Y lo consiguieron.
La del Celta, animando a sus futbolistas de principio a fin, incluso después del encuentro, cuando una vez consumada la derrota, Cardoso ordenó a los suplentes ejercitarse sobre el césped de Zorrilla y los aficionados, en su espera para ser evacuados del estadio, no dejaron de enviar mensajes de ánimo. Incluso después de que Maxi Gómez se negara a ir a saludar a sus seguidores tras el encuentro.
Los celtistas, como su equipo, empezaron el partido con alegría y llegaron a la euforia con el gol de Pione Sisto, pero poco a poco vieron cómo su equipo se deshacía y lo acompañaron en su depresión. n
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