Con miedo no se puede jugar al fútbol

CELTA

borja refojos. vigo
Publicado: 20 jul 2020 - 02:29
Filip Bradaric fue, junto a Sisto, el único jugador celeste que dio pausa y tranquilidad a todas sus acciones y acierto en la toma de decisiones.
Filip Bradaric fue, junto a Sisto, el único jugador celeste que dio pausa y tranquilidad a todas sus acciones y acierto en la toma de decisiones.

Decía Óscar García Junyent en la rueda de prensa previa al partido de ayer que no hay nada peor que jugar al fútbol con miedo, que quería jugadores valientes. Pues en Cornellá, apenas hubo rastro de esa petición en sus jugadores, totalmente anulados por el pánico.

Sisto y Bradaric dan la cara

Algo debió percibir el técnico de Sabadell en Pione Sisto, porque su sorprendente decisión de meterle en el once titular fue un acierto. Aunque solo fuera porque el danés fue el único jugador celeste con tranquilidad cuando tenía la pelota. Lo que tantas veces es desidia, ayer fue pausa para dar algo de luz a los ataques célticos. Pero ya se sabe que a esto no se pude jugar solo, y la ausencia de colaboración zanjó el primer tiempo sin intervenciones de Oier. Solo Bradaric otorgó algo de luz. El croata entiende el juego y, además, estuvo tranquilo. Al margen de ellos dos, nada más. El miedo mandaba.

No hay sistema sin piezas

El caso es que Óscar García Junyent dispuso un 1-4-3-3 sobre el tapete. En teoría, compensado, con un pivote puro como Bradaric , un volante mixto como Beltrán y un tocón como Brais en el medio. Aspas empezó en la derecha, pero pronto intercambió su sitio con Mina para tener retorno en ese sector. Pero cualquier esquematización es inútil sin la colaboración de los futbolistas. Los esquemas no son más que dibujitos en un papel porque los jugadores deben interpretarlos con sus movilidades. Pues ayer, en la primera parte, el dibujito pasó de la hoja al césped. El atenazamiento general impidió cualquier mecanismo ofensivo. Casi todo fue balón al pie. Sin riesgos. El miedo seguía mandando.

No fue más que un esbozo

El empate del Leganés en Butarque justo antes del descanso pareció espolear al Celta a la vuelta del suyo. El equipo de Óscar presionó más alto, con Brais a la altura de Aspas, tratando de recuperar los balones más cerca del área rival. Fue un espejismo. Porque a los pocos minutos, esa intención se volvió polvo. Porque el terror atenazaba todavía más las piernas de los celestes, que con la pelota eran incapaces de trenzar tres pases seguidos. Ya no era asegurar demasiado por miedo a fallar, era que no salían ni entregas a cuatro metros. El miedo era ya el rey del partido.

El partido se jugaba a 600 kilómetros

Entre Cornellà y Leganés median 619 kilómetros. Para los jugadores del Celta eran apenas un suspiro. Porque el descalabro vigués era tal que, llegado a un punto, estaba jugando más en Butarque que en el RCDE Stadium. Los no convocados se desesperaban viendo en los móviles las evoluciones de un Leganés que llegó a empatar y achuchó hasta el final y descendió con honor. El cuadro céltico fue incapaz siquiera de eso. Un intento de Aspas y poco más. El partido murió con más pena que gloria y con las cabezas totalmente centradas en otro encuentro. Porque en Cornellà, terminó ganando el miedo. Por suerte para el Celta, en Butarque no ganó el Leganés.n

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