Reencuentro con el asfalto

Regreso al deporte

Paula Sanmartín y Samuel Blanco volvieron a sentir la bici en la carretera tras un mes y medio

borja refojos. vigo
Publicado: 03 may 2020 - 03:33
Sanmartín posa con la sonrisa de quien ha vuelto a disfrutar de su pasión tras siete semanas.
Sanmartín posa con la sonrisa de quien ha vuelto a disfrutar de su pasión tras siete semanas.

Decía la corredora viguesa del Bizkaia Durango Paula Sanmartín hace unos días que el rodillo solo sirve para "deshidratarse" y para "volverse loca". Una opinión bastante compartida en el mundo del ciclismo. Al menos, en el que este periódico ha podido pulsar en este mes y medio de confinamiento. Por eso, además de múltiples consideraciones físicas poder salir ayer a la carretera fue una liberación.

Porque, a diferencia de en tantas ocasiones en las que una rueda a la que pegarse insufla vida, sentir el viento en el morro fue un paraíso. Y la gris mañana de ayer trajo consigo las horas más luminosas en muchas semanas. "Fue uno de los pocos días en los que a nadie le preocupó que lloviera", comenta entre risas el 'chapeleiro' Samuel Blanco, que madrugó para aprovechar la mañana. "Justo se acababa de hacer de día", refrenda el corredor del Froiz, residente en Pontevedra, que salió por la puerta a las 7:20 horas, para disfrutar de una vuelta que se extendió hasta la hora límite, las 10:00. "Siempre cumpliendo", afirma.

Sanmartín, por su parte, se lo tomó con más calma. Una hora y cuarto de paseo por las inmediaciones de su casa familiar en Vigo. "Viene muy bien", reconoce. Las sensaciones de la olívica en sus primeros pedales sobre asfalto en un mes y medio no respondieron a nada relacionado con la bicicleta, ni la mecánica. Ni a sus piernas. Ni siquiera a su mente. "De lo primero que me di cuenta es de que me ha crecido un montón el pelo. En el rodillo no me percaté porque me hago un moño", apunta tan bromista como siempre.

Un buen humor que se agranda con la satisfacción de volver a degustar su pasión y que convierte en nimiedad cualquier contratiempo. "¡Vengo calada! Me paré a hacerme las fotos -como la que ilustra este artículo- y directa a la ducha", explicaba poco después Paula a través del teléfono. ¿El madrugón? No hay problema. "Hasta me viene bien para luego poder estudiar todo el día", confiesa la corredora del Bizkaia Durango, que cursa la carrera de Química en la Universidad de Vigo.

"Se hizo entretenido y todo", relata Samuel Blanco, al que ni el hecho de no poder salir del término municipal le ha quitado la emoción de un niño con su bici nueva. "Hice una ruta en un mapa para saber hasta dónde podía ir. Hay bastantes puertos por aquí, así que salió un paseo con bastante desnivel acumulado", relata el chapeleiro. "Se agradece, incluso llegué hasta Canicouva, que sigue siendo Pontevedra", añade.

Una opinión compartida por Paula -y por el 95% de la población, deportista o no-. "Fue una hora que me sirvió para olvidarme un poco de todo", confiesa con sinceridad Sanmartín, que por momentos tuvo la sensación de que era "todo normal" y que se encontró en las carreteras viguesas con alguna "cara conocida", como el olímpico Gonzalo Aguiar. Como antes. Como en la vieja normalidad.

Pero mientras esa no vuelve o, a la espera de que llegue la nueva, el regreso del deporte al aire libre es una certidumbre en tiempos de incertidumbre. Un paso adelante en un camino paralizado. Una pequeña alegría en medio de una tristeza tan grande. n

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