"Sigo un año y será así hasta que el corazón me pare"
ALEN MURATOVIC. Jugador del Frigoríficos del Morrazo
Alen Muratovic (Niksic -Montenegro-, 23 de octubre de 1979) renueva una campaña más con el Frigoríficos del Morrazo para acumular diez temporadas en el club cangués, siete desde su regreso tras estar retirado en 2013. Para renovar, "tardamos un minuto. Me vieron bien y yo también me vi así en la pista".
¿Cómo renovó una temporada más?
Se armó un buen revuelo, ni que fuera Michael Jordan... Estoy contento por seguir una temporada más. Cuando hablamos de renovación, hablamos un minuto o menos. Es, ¿me veis bien para seguir? Me dicen: sí. Me preguntan: ¿te ves bien para seguir? Sí. Y ya está, no hay nada más. Llevo tantos años aquí que conozco a esta gente como a mi familia. Voy a estar un año más y así seguiré hasta que el corazón me pare.
¿No se plantea hasta cuándo?
No sé. Puede ser mi último baile, pero nunca se sabe. Todos los años digo: puede ser, puede ser. Y ya llevo ocho años que puede ser el último. Hay que empezarlo, terminarlo, ver cómo termino, si estoy bien o mal. Pero nadie me va a quitar otro año más para disfrutar. No tengo 25 o 30 años. Son 40 y es algo serio para un deportista. Pero me mantengo bien. Gracias a dios, no tuve más lesiones que la del hombro y todavía aporto. Tanto deportiva como personalmente.
Cuando volvió, en 2013, nadie podía pensar que aguantaría tantos años.
Y ya van a ser diez aquí. Fueron los dos primeros hace mucho tiempo y ahora iré para ocho. Después, tres más en Valladolid, para trece en total en Asobal. ¿Quién me lo iba a decir?
Y el hombro, ¿cómo está?
La verdad es que estoy bien. En estos últimos ocho años no tuve problemas. Estoy cerca de los 1.500 goles y llevó ya más de trescientos partidos desde que volví. Para mí es algo totalmente inesperado. Poder vivir esto, no lo podía imaginar. Y siempre cumplo. Meto mis goles cada año. No hago mil, pero sí unos pocos y con porcentajes interesantes. Por eso sigo jugando. Si no llego a estar bien, ya lo dejaría yo y, además, la gente de Cangas no es tonta. Si el entrenador no me llega a ver bien, ya me diría: Alen tienes que retirarte. Parece que es el último, pero nunca se puede decir conmigo. Soy de otro planeta (risas). Mientras pueda disfrutar, que siga.
Con los años, tuvo que aprender a dar asistencias.
Claro, claro. Me tuve que adaptar. Pasé de lanzar mucho a crear situaciones de juego: pasar, penetrar, jugar con pivote, hacer dos para dos... Muchas cosas de balonmano porque este juego es de más de un jugador. Con los años, disminuyes el lanzamiento y haces otras cosas. Con 25 era un lanzador nato. Tuve que dejarlo y centrarme más en otro tipo de juego. También ayudo a los jóvenes, para los que puedo ser una referencia. Y también el club lo nota. Cuando deje de disfrutar, será cuando lo deje.
Y este año vio cómo dos balcánicos como Vujovic y Mitic dejan el equipo para ir a otro club. Para el Frigoríficos no es bueno, pero sí para ellos.
Uno llegó con 18 años y otro con 20. Vujovic fichó por Nava y en Cangas dio un salto enorme. Poco a poco, poco a poco. Mitic, igual. Es una lástima para nosotros porque siempre tenemos que fichar gente nueva y adaptarla al sistema. Requiere un tiempo, pero me alegro por ellos porque vienen de donde soy yo. Tienen que ver su futuro y su economía.
¿Los aconseja cuando llegan a Cangas?
Sí, porque muchos llegan y no saben el idioma. Yo estoy aquí para ayudar a cualquier cosa. Ya pasaron muchos balcánicos. Serbios, bosnios, montenegrinos... Yo conozco todo en Cangas y siempre me preguntan porque no saben hablar. No es fácil salir tan joven de tu país y hay que ayudar. En su día me pasó a mí que, cuando llegué a Cangas, estuve medio año perdido. No tenía a nadie que me pudiera traducir y tuve que buscarme la vida. Poco a poco, vas mejorando. Por eso, cuando viene uno nuevo, hay que ayudarlo. También dentro de la pista, para que pueda entender al entrenador y los sistemas.
¿Qué dicen cuando ven O Gatañal lleno?
Los nuevos flipan. Se pone todo el pabellón de pie y están un poco nerviosos porque son muy jóvenes. Pero entran a la pista y lo dan todo. Este año sufrimos mucho porque había gente nueva y también el entrenador. Pero aquí siempre peleamos por la permanencia, no hay dinero para luchar por más. Y, menos mal, que llevamos muchos años en Asobal siendo tan pequeños. Es un orgullo.
Se acostumbró a pelear por no descender.
Casi todas las temporadas son así. Menos un año con Pillo (Víctor García) que jugamos Copa Asobal y volvimos a Europa. Es nuestro Phil Jackson. Con él llegamos al techo. Fue algo impensable para nosotros, poder estar tan arriba. Llevo unos recuerdos tan buenos... Y también otros de estar con el agua hasta el cuello, de salvarnos en las últimas jornadas. Pero siempre salimos. Y este año, por la desgracia de la situación, también. Lograr la permanencia con el pabellón lleno, eso es la hostia. La afición está acostumbrada y siempre nos apoya. Cuando hay partidos importantes, montan un espectáculo. Tenemos mucha suerte de tener esta afición.
Y también enseña Cangas y sus playas a los recién llegados.
Sí, sí. Primero los llevo a Rodeira, que es la del centro. Y, después, cuando ellos ya conocen más, que vayan descubriendo. Pero allí los llevo y también les digo que se pongan crema para no quemarse mucho. Que después, vas en mayo a la playa, te coge el sol y llegas rojo al entreno. Llegaba Pillo y te decía, ¿de dónde vienes? Claro, caía una multa.
¿Qué le dice la familia?
Me apoyan, nunca me dijeron que lo dejara. Al revés, me dicen: si te gusta, dale. Vienen siempre a los partidos y disfrutan. Y a mis hijos (6 y 4 años) les encanta ir al pabellón.n
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