El maldito y valioso diploma
RÍO 2016 PIRAGÜISMO
La canguesa Teresa Portela finalizó sexta en la final de K1 200 metros, que ganó la neozelandesa Lisa Carrington
Sexto, un diploma, otro más. Los 200 metros de la final en K1 de ayer eN Río de Teresa Portela resumen su trayectoria deportiva. Una vida de mar, piragüismo, canales, medallas, podios mundiales y desengaños olímpicos.
Aunque, en esta ocasión, la propia canguesa estaba satisfecha el finalizar la regata. "Lo di todo", dijo al pisar tierra firme. Ofrecer toda la fuerza, el empeño, casi la vida en cada contacto con el agua sirvió a la del Club de Mar Ría de Aldán para sumar un nuevo diploma olímpico. Fue el quinto de su trayectoria en la máxima cita del deporte mundial, que comenzó en Sydney 2000. Desde las aguas australes acumula veinte años en la élite del piragüismo. Su vitrina está adornada con multitud de medallas internacionales en Europeos y Mundiales y también con el papel que indica que finalizó entre el cuarto y el octavo puesto en hasta cinco pruebas del calendario de los Juegos.
Ayer buscaba tapar ese hueco, casi una lucha personal de obtener una presea en la cita de los cinco aros, pero Teresa Portela estuvo lejos del podio. "Lo di todo", reconocía la canguesa. Hacerlo le sirvió para terminar en la sexta posición, lejos de las medallas. Demasiado, por lo visto en la jornada anterior. Ganó la favorita y casi imbatible neozelandesa Lisa Carrington (39.864). La polaca Walczykiewicz (40.279) fue segunda, al igual que en el Mundial del año anterior, y a la tercera posición subió la azerbaiyana Inna Osipenko-Rodomska (40.401). Era el peldaño por el que se apostaba en Cangas, en Galicia y en todo el piragüismo español para Teresa Portela, pero no llegó.
La canguesa aseguró que se dejó todo en el agua, pero con el reloj en la mano, las cifras indican que su cuerpo no respondió como 24 horas antes. Para estar en las medallas necesitaba hacer un tiempo similar al de las semifinales y fue la palista que peor llevó el cambio de día. En la Lagoa Domingo de Freitas disputó tres mangas Teresa Portela y el peor tiempo llegó en el momento clave. Es cierto que la ganadora, Lisa Carrington, también empeoró su registro del día anterior, pero lo hizo en tres décimas. Portela se dejó más de ocho. Estuvo casi un segundo peor que en semifinales y esa diferencia es demasiado amplia.
En el hipotético caso de repetir actuación, algo casi imposible porque las circunstancias cambian, estaría en la medalla de plata. En caso de empeorar un margen prudencial, sería bronce o cuarta. En todo caso, cuentas inservibles.
Portela, que se caracteriza por una gran salida, mostró en los primeros veinte metros que no tenía el día escogido. Su proa nunca llegó a destacarse y tampoco comenzó una progresión pasados los primeros segundos de la competición. Se quedó, poco a poco, rezagada en la calle siete mientras la cuarta, quinta y sexta, estaban en una clara pelea por finalizar en el podio. Por detrás, la canguesa trató de mantener el ritmo, concentrada, sin perder su habitual frecuencia y su bote terminó en el sexto lugar. Quinto diploma en su quinta participación en unos Juegos Olímpicos.
Probablemente, muchos de los palistas que participan esta semana en los Juegos Olímpicos de Río firmarían una trayectoria como la de la palista canguesa. Acumula veinte años en la élite y, tras la sexta posición de ayer, todavía continúa con la rabia y el dolor de lo sucedido hace cuatro años en Londres. Allí, en territorio británico, Teresa Portela sí que tenía que haberse colgado la medalla olímpica. Hace cuatro años y no ayer, la palista del Club de Mar Ría de Aldán estaba en forma y condiciones físicas para terminar en el podio. Aquel día falló en la salida, comenzó tarde la competición y se quedó en la cuarta plaza.
No obstante, ayer en Río, no falló. Su cuerpo no rindió como la jornada anterior o, simplmente, se encontró con cinco deportistas mejores que ella en la final. No tenía más, otras sí lo tuvieron y su K1 cruzó antes la línea de llegada. A partir de hoy, Portela comenzará a decidir si intenta mantenerse en la élite del piragüismo o si opta por sentarse en la orilla del río de forma definitiva.n
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