La antigua Faurecia Porriño, ante la liquidación inminente
Finaliza el periodo de consultas del ERE, en manos ahora del juzgado, que decidirá si acepta los 102 despidos. Nulo interés por reflotar la actividad de la actual Madera Fiber
Los trabajadores de Madera Fiber (antigua Faurecia Porriño) se oponen al Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que con toda probabilidad aplicará la empresa y que supondrá el despido de 102 personas. Lo rechazan porque supondría aceptar que son empleados de esta empresa mientras que ellos defienden que “hubo una cesión ilegal de la plantilla” por parte de Faurecia.
Así se lo trasladó el comité al administrador concursal y lo volverá a hacer hoy en la última reunión que pone fin al periodo de consultas del ERE. “El juzgado lo aceptará, lo tenemos asumido, entendemos que es una postura lógica presentarlo porque no hay dinero ni viabilidad, pero nos tenemos que oponer y esperar por los juicios”, indica Leonardo Suárez, presidente del comité.
Las causas judiciales a las que se refiere son por las demandas interpuestas por los trabajadores, que se sumaron a la presentada en su día por un grupo inicial de 32 empleados. El Juzgado de lo Social número 7 en Vigo condenó en ese caso a Faurecia por cesión ilegal de trabajadores y declaró que se produjo una “especulación fraudulenta de la mano de obra”. “Esperaremos por estas resoluciones y, de manera paralela, a la del ERE, que tenemos asumido que será aceptado”, en este caso por el Mercantil 2 de Pontevedra, encargado del concurso de acreedores de Madera Fiber.
El cese de la actividad y los despidos de la plantilla culminarán con el punto y final de la compañía, por la que no hubo interés alguno en dar continuidad al negocio. Sí se produjeron en las últimas semanas encuentros con algún interesado en maquinaria y terrenos, pero no en reflotar la empresa, según pudo saber este diario.
El administrador concursal ya lo había avanzado en la solicitud que remitió al juzgado, al que trasladó que hubo ciertos intentos a través de propuestas raquíticas que apuntaban más hacia un interés especulativo.
La antigua Faurecia Porriño era propiedad de Faurecia hasta que en 2022 vendió la empresa al fondo alemán Callista Private Equity. Este vendió los terrenos y cedió los activos a una compañía rumana gestionada por Rüdiger Wisser, que se declaró insolvente y solicitó el concurso de acreedores el año pasado. Todo este entramado desembocará en la liquidación, “salvo un milagro”, apunta desde la representación social.
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