Bruselas dejará gastar pero pondrá migajas
ALERTA SANITARIA
Hay dos opciones para financiar el aumento del gasto que supondrá la crisis del coronavirus: el presupuesto europeo o tirar del déficit en cada estado miembro. La posición de Alemania ya está clara.
Los problemas de la deuda pública nunca se fueron -representan la principal partida de gasto del Estado- pero se han intensificado con la crisis desatada por el coronavirus. No se trata de buscar ningún consuelo de tontos pero este mal de muchos acecha a más países que a España, empezando por Italia. Sin olvidar a Grecia, claro. De alguna manera también le inquieta a Francia.
El problema ha vuelto al primer plano porque la eurozona debe resolver un problema importante: quién soportará el gasto público que traerá consigo la crisis del coronavirus. Si esta crisis se zanja en un par de meses, puede que basten las partidas de las que se está hablando en Bruselas (37.000 millones) y en Madrid (14.000 millones) pero si su calado es parecido al de la crisis de 2008, esas cifras habría que multiplicarlas por diez. O más. Palabras mayores.
Sea como sea, lo más probable es que estarán en juego ingentes cantidades de dinero, que deberá salir de alguna parte. La opción de que este plan especial se financie con cargo a una ampliación del presupuesto europeo no le gusta a Alemania, que prefiere limitar las concesiones a dejar sin efecto los topes de déficit para dar más rienda suelta a la deuda pública de cada estado miembro.
España tiene difícil cargar con más deuda, ya que está gastando más en este capítulo que en pagar a todos sus funcionarios públicos. Sin ayuda de Europa -léase de Alemania-, España lo tiene difícil, por no decir imposible, como Italia, que a duras penas ya puede pagar su deuda actual.
Prestigiosos economistas de toda Europa ya firmaron a raíz de la crisis de 2008 un manifiesto sobre la mutualización de la deuda en la eurozona para aliviar las urgencias de algunos países y garantizar la viabilidad del euro a medio y largo plazo. Nadie les hizo caso y los eurobonos terminaron por desaparecer del debate político europeo.
La mutualización de la deuda, es decir, la emisión de eurobonos, sería el camino más sencillo y rápido para conseguir una mayor integración fiscal en Europa, pero la Alemania de Angela Merkel se resiste, sin que la presión de Francia sea suficiente. Ni siquiera acepta que la mutualización temporal del exceso de deuda de los países miembros de la eurozona comprenda la que supere el 60% del PIB, en línea con lo estipulado en el Tratado de Maastricht. La Unión Europea, tal y como la entiende Alemania, no pasa de ser una unión comercial y, en el mejor de los casos, monetaria. Por eso la Comisión Europea concede flexibilidad a los estados miembros para que combatan la crisis con medidas fiscales internas pero no con eurobonos.
Hay analistas que todavía confían en la compra masiva de bonos de organismos como el ICO español o el Banco Europeo de Inversiones por el BCE, lo cual sería de facto un impulso a una suerte de eurobonos, pero ni siquiera este sucedáneo se da por seguro. En esa hipótesis, el ICO podría proveer de liquidez suficiente a las empresas españolas, especialmente a las que pueden cerrar por falta de ingresos. Con liquidez ilimitada, como la que acaba de garantizarle Alemania a sus empresas para mitigar el impacto del coronavirus. Pero, claro, Berlín no precisa tirar de eurobonos, ya que tiene margen fiscal suficiente para endeudarse. Un volumen total de 500.000 millones en créditos podrían ponerse a disposición de las necesidades de la economía alemana. Casi nada.
@J_L_Gomez
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