Una crisis para propiciar un cambio real

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En 2008 se iba a reinventar el capitalismo pero no se hizo nada ni siquiera parecido. Esta vez parece que las cosas pueden ser distintas, al menos si se aplican las doctrinas del mundo académico.

Mariana Mazzucato, la economista de moda, durante una conferencia.
Mariana Mazzucato, la economista de moda, durante una conferencia.

Esta crisis abre tanto el debate económico que da pie a que se cuestione el propio modelo. Tal vez porque se corre el riesgo de hacer lo que ya sucedió con la crisis financiera: “se inyectaron billones sin ningún efecto en la economía real”, constata Mariana Mazzucato, profesora de Economía de la Innovación y Valor Público del University College London (UCL). La mayor parte de aquellos fondos volvieron al sector financiero y la siguiente crisis comenzó a construirse. Ahora ya está aquí.

¿Será posible un nuevo capitalismo que priorice el valor por encima del precio?, se plantea Mazzucato. ¿Debemos dedicar todos los esfuerzos a más deuda para volver a ser como éramos? ¿O debemos adentrarnos en otro modelo económico?, se pregunta de manera retórica Xavier Vence, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago.

Cuando las empresas privadas solicitan rescates de los gobiernos, Mariana Mazzucato cree que “debemos pensar en el mundo que queremos construir para el futuro y la dirección de innovación que necesitamos para llegar a él y, sobre esa base, agregar condiciones a esos rescates para beneficiar el interés público, no solo el privado”.

Las ideas de esta economista tan de moda no están lejos de las que maneja en Galicia Fernando González Laxe, catedrático de Economía Aplicada de la Universidade da Coruña, cuando propone que en lugar de subvenciones a fondo perdido el Gobierno participe en el capital de las empresas que reciban ayudas públicas y se vinculen las compañías a su territorio.

“En todas aquellas acciones que desde los gobiernos se tramitan con subvenciones -propone Laxe- es bueno sustituir esa fórmula de subvención por la de participación en el capital de las empresas, para estar dentro, formar parte del consejo que puede tomar decisiones y a partir de ahí defender la localización de las mismas”.

Su propuesta encaja con la de Mazzucato, convencida de que “cuando las condicionalidades se hacen bien, alinean el comportamiento corporativo con las necesidades de la sociedad”.

En este nuevo consenso que se perfila en ciertos ambientes académicos no solo se plantea fijar los objetivos –una economía verde, sostenible y equitativa– , sino también las condiciones de un crecimiento inclusivo y sostenible, que hace aconsejable una inversión pública impulsada por el concepto del bien común y nuevos tipos de relaciones público-privadas. Se trataría, en definitiva, de consensuar condiciones que favorezcan un ecosistema más simbiótico y no parasitario.

Xavier Vence sostiene que si ya venimos de un modelo no sostenible, procede no repetir los errores del pasado y cambiar el modelo productivo, de modo que este avance hacia la economía circular, donde vaticina recomposiciones geoestratégicas.

Otro profesor gallego, Albino Prada, de la Universidad de Vigo, ya se había planteado este tipo de asuntos antes de la crisis. Así, en su libro "El despilfarro de las naciones" argumenta por qué y cómo el despilfarro, “de personas y de riquezas”, es hoy “la mayor amenaza para la especie humana”. A la vista de que “nuestras sociedades son incapaces de gestionar sabiamente la abundancia”, Prada propone que los países ricos mejoren el desarrollo social sin necesariamente aumentar el PIB, y que en los países menos ricos se paralice la bomba demográfica, de modo que se consiga evitar pasar de 4.700 millones en 2000, a 8.200 millones en 2050.

@J_L_Gomez

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