Tras los globos-sonda vendrán los ajustes
Economía
Cuando España tenía gobiernos serios y el país, en buena lógica, progresaba, hasta convertirse en una economía desarrollada, lo habitual era que solo hablase de economía el vicepresidente del ramo, mientras los demás daban tabaco. A lo sumo, el presidente del Gobierno comparecía de vez en cuando para exponer grandes líneas sin bajar a los detalles. Hoy habla de economía cualquier ministro, lo cual da pie a que se contradigan. Algunos hablan porque tampoco tienen mucho más que hacer y en algo deben entretenerse. Es lo propio de un gobierno con decenas de ministros, la mayor parte de los cuales no tienen competencias o las tienen compartidas.
Este ejecutivo con 22 miembros –contando a Sánchez, 23– practica ahora el nefasto deporte político del globo-sonda, lo cual puede ser tolerable en ocasiones puntuales, en un contexto de bonanza, pero no en un país a la deriva, en gran parte debido a la crisis sanitaria pero que ya tenía problemas –y graves– mucho antes.
Los ministros se dedican, pues, a hablar del salario de los funcionarios, las pensiones, los remanentes de los ayuntamientos o los ERTEs con la misma frivolidad que se habla de los famosos en las peluquerías. No hay orden ni concierto, ni hay un presidente que los ponga a andar ni una vicepresidencia económica de ordeno y mando, que sería lo propio en un momento tan crítico. Pero tal vez ellos mismos, con sus nóminas aseguradas, no son siquiera conscientes de cómo sigue funcionando España, que es casi un milagro pero que tiene su explicación. La caída del PIB ha convertido las cuentas públicas en un coladero, de modo que los ingresos no cubren ni de lejos los gastos. Nada nuevo, porque España lleva años y años viviendo del déficit público –léase incrementando la deuda–, pero sí algo agravado, fuera de control.
Si España no ha hecho crack es porque existe el Banco Central Europeo, que compra una deuda que los mercados no hubieran absorbido de ser España un país ajeno a la eurozona. Pero esto, que algunos piensan que sale gratis, tiene un límite: la deuda pública no puede seguir creciendo. Por eso van a empezar los problemas y por eso mismo hay tantos globos-sonda con las ocurrencias de cada ministro.
El denominador común final no se distanciará mucho de un ajuste de los gastos y de un aumento de los impuestos. Traducido: vienen curvas. Pero como aquí no hay un gobierno con mayúsculas, no se le habla claro a la gente. Entre que los populistas parecen querer revivir los discursos peronistas, que algunos socialistas se ponen a rueda y que otros se sienten acomplejados, nadie admite que hay que tomar medidas drásticas. Y no solo eso. Como ningún político sensato sería tan reduccionista, alguien –el presidente, por ejemplo– debería estar describiendo un nuevo horizonte, una nueva frontera. Fue lo que hicieron presidentes como Suárez, González y Aznar. Cada uno con su ideología, cada uno con su estilo pero todos ellos con un proyecto claro.
Casualidades o no, a España le tocaron los peores presidentes en los peores momentos de su historia reciente, lo cual es una desgracia como otra cualquiera. Es posible que haya gente que considere injusto atribuirle semejante calificativo a Sánchez, al tener que gestionar una pandemia y una crisis de caballo en minoría. Pero eso también tiene solución: volver a las urnas o hacer un Gobierno de concentración. Cualquier cosa menos seguir a la deriva.
@J_L_Gomez
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