Habrá salida económica si salimos vivos

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Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort, Alemania.
Sede del Banco Central Europeo en Fráncfort, Alemania.

Ante la grave crisis desatada por la epidemia del coronavirus, no se trata de poner el carro delante de los bueyes pero tampoco de perder la esperanza. Máxime, a la vista de la experiencia china, donde al tiempo que anuncian que ya no hay más muertes por el coronavirus dejan entrever que podrían cerrar el año en positivo con hasta un 6% de crecimiento del PIB, nada muy distinto de lo que pasó en 2019, uno de los peores en crecimiento de los últimos años. Quiere eso decir que China aguarda una fuerte recuperación a partir de abril.

Un analista de la consultora británica Capital Economics calcula que la contracción en la producción industrial y de servicios sugiere un crecimiento medio del PIB chino del -13% en enero y febrero. Extrapolar esta situación a España o a Europa no parece algo plausible pero al menos podría ser orientativo. Si así fuese, la caída del PIB se concentraría en marzo y abril; tal vez también en mayo. Pero daría paso a la recuperación. Precisamente con esa intención están tomándose medidas tanto en el plano español como en el europeo, primero para proteger a las personas y después para lograr que la crisis quede acotada en el tiempo y no destruya las bases de la recuperación.

Son varias las medidas en marcha. Por un lado, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, dio luz verde a las 27 capitales de la UE para que planten cara al impacto social y económico con tanto dinero como vean necesario. Bruselas propone, de hecho, una suspensión de las reglas fiscales.

El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, se alineó a su vez con la respuesta de los ministros de Finanzas de la eurozona. Y, lo que es más importante, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se comprometió a facilitar hasta 750.000 millones para asegurar la liquidez necesaria para mantener la economía en pie. Otra medida del BCE fue la relajación de los requerimientos de capital y liquidez, de modo que se suaviza la exigencia de provisiones para aliviar a la banca. De entrada, los mercados europeos se han calmado y no siguieron cayendo, aunque es mucho lo que deben recuperar.

Lo ideal sería mutualizar en Europa el riesgo presupuestario en esta crisis pero aún sin llegar tan lejos, algunos observadores creen que el rescate propiciado por Lagarde debería ser suficiente para sostener la economía europea al menos durante los próximos diez meses, dos o tres de los cuales –de marzo a mayo– pueden arrojar cifras muy negativas, jamás vistas antes.

Desde la perspectiva de España, junto con Italia uno de los países más afectados por el coronavirus, estos movimientos de Europa hacen más creíbles los planes del Gobierno, que confía en movilizar hasta 200.000 millones con aportaciones públicas –más de la mitad– y privadas, cifra equivalente al 20% del PIB. Y resultan más creíbles porque está garantizada por el BCE la compra de activos en función de las necesidades.

En Bruselas y Frankfurt saben que no es igual la situación en Italia o España que la de Alemania, tanto por el número de casos como por la capacidad de generación de recursos, pero otra cosa es que lo asuman, dadas las reticencias de Berlín a los coronabonos. Traducido del alemán al castellano: habrá tensiones con Madrid, que tiene además el hándicap de gestionar una economía más dependiente del turismo –ahora paralizado– que de la industria 4.0 o la tecnología punta.

@J_L_Gomez

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