2 autonomías, 3 provincias, 19 coches

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Viaducto del Narón a la altura de Becerreá el sábado,
Viaducto del Narón a la altura de Becerreá el sábado,

La conviviente comenzaba a pasarlas canutas para mantener el papeleo a raya con ordenador prestado y tras casi dos meses sin pisar por la oficina. El teletrabajo –chollo para unos, esclavitud para otros– es una fórmula que se propagará mientras persista la pandemia de covid-19, incluso puede quedar instaurado definitivamente en algún sector del mercado laboral cuando llegue el día que hablar de "la nueva normalidad" resulte anormal. Pero si el confinamiento decretado por el estado de alarma te sorprende en A Coruña y el centro de trabajo está en León, llega un momento en el que el regreso no se puede aplazar, como sucede con la declaración de la Renta.

El planeta lleva desde mediados de marzo adaptándose a situaciones cambiantes para frenar los estragos del coronavirus y como al compañero Juan Luis Garbayo le pareció buena idea llevarse la serie "A un metro" a medir lo que pasa en territorio fronterizo que se queda atrás en el cambio de fase de la "desescalada", el traslado fue fijado para el mediodía del sábado tras varios repasos al BOE. El personal se ha adaptado con asombrosa facilidad a vivir con permiso. Hasta la reincorporación al curro con justificante de la empresa provoca canguelo por la denuncia –no vaya a ser que no prospere el recurso– y sentimiento de culpa por irresponsabilidad social.

En este caso la lectura concienzuda de unas normas también cambiantes resultaba imprescindible porque para la vuelta al tajo presencial había que cruzar tres provincias, cambiar de comunidad autónoma y, desde hoy, de fase, pues Galicia avanza y Castilla y León ha preferido esperar por decisión propia. La advertencia del aumento de celo en los controles disparaba las probabilidades de tener que repetir explicaciones cada poco tiempo. Resuelta la primera duda de si un conviviente puede sentarse en el asiento del copiloto en la fase cero, vigente en todo el territorio hasta la medianoche del domingo, y con las mascarillas embozadas en señal de cumplimiento desde la salida del garaje, quedaban 315 kilómetros de camino.

Poco después, en la avenida Alfonso Molina la Guardia Civil había dispuesto un control de los tochos, dejando sólo un carril de paso sin escapatoria como una ratonera. En la parte derecha del parabrisas continúa colocado el cartón con "prensa" rotulado a mano. El Viernes Santo, delante del chalé de Manuel Fraga en Perbes, una patrulla de la Benemérita había aconsejado entre carcajadas cambiarlo por uno impreso porque da la impresión de engañifa pero ahí sigue. "Nos van a parar por el cartón y por ir los dos sentados delante", pero la conviviente se armó de aplomo: "Igual piensan que vamos los dos a cubrir una noticia. Además llevamos el libro de familia".

Haber pasado una docena de controles tampoco incrementa el sosiego, sobre todo cuando las direcciones de los respectivos documentos de identidad son distintas. Como para ponerte a explicar que el carné de prensa nunca ha servido para saltarse el confinamiento y que el viaje no se hace para desplazarse a la segunda vivienda. Pero cuando ya te ves con la ridícula justificación "señor agente no es lo que parece" en la boca, un gesto te manda seguir. "No sé porque te preocupas, tengo el justificante y tú vas a trabajar", apunta la conviviente cuando la media docena de furgonetas atravesadas en la salida de A Coruña sólo se ve por el retrovisor.

A solas hasta guitiriz

"Ya verás como están ahí", va avisando el conviviente según el callo por las salidas durante el confinamiento. Pero los kilómetros van pasando sin controles ni tráfico. El primer coche que se ve es un Mercedes blanco que adelanta antes de Guitiriz. En la gasolinera de ingrato recuerdo para José Blanco, pues lastró su trayectoria política por la operación Campeón a pesar de que el Supremo archivó la acusación, se ve una patrulla de Tráfico que ha parado a repostar. En el cambio de provincia no hay control, aunque tampoco hay coches a los que vigilar. Hasta Lugo sólo tres coches más circulaban en la misma dirección.

El túnel de Pedrafita es el paso fronterizo entre las automomías de Galicia y de Castilla y León. Por la radio, el presidente Sánchez recuerda la supervisión de desplazamientos no justificados para evitar desfases con el cambio de etapa y aclara que está permitido trasladarse a la segunda residencia si es en la misma provincia. El salto de comunidad se produce sin obstáculos. Sólo un Citroën matrícula de Lugo desciende el puerto a esta hora. Durante 315 kilómetros y tres horas de viaje sólo han aparecido en el horizonte 18 coches y 22 camiones. El personal no desfasa en la "desescalada".n

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