¿Por qué el COVID-19 nos desvela?
galicia
Una de las notas dominantes de estos días son las dificultades para conciliar el sueño. La enfermedad, el cambio de hábitos, la incertidumbre por cómo será lo que nos espere después, tiene mucho que ver en ello.
El COVID-19 se ha instalado en nuestras vidas y, con esa capacidad que los epidemiólogos dicen que tiene para mutar, se ha hecho fuerte también allí, donde nos creíamos más seguros, en el hogar, y sin muchas posibilidades de echarlo a corto plazo. De noche nos quita el sueño; de día, en lo poco que nos queda de vida social, insiste en el distanciamiento, y en un ejercicio, al estilo del doctor Jekyll y el señor Hyde, actúa como si nos manejara a distancia en nuestras pulsiones más primarias.
El confinamiento no es una broma, ni en lo sanitario ni en lo psicológico. Hemos visto, y es un ejemplo, cómo determinados productos, sin justificación, han desaparecido del súper. Las colas se han adueñado de nuestros hábitos, incluso, al verlas, han impulsado ir a comprar casi sin motivo. Nos hemos dado cuenta que no hace falta ser Trump para sugerir sandeces, con el uso de desinfectantes y productos de limpieza para combatir el Covid; en todas las latitudes, incluso sin hablar, insisten en ello.
Alarma y alerta
“Somos organismos individuales, dentro de un estado social, de un colectivo, en este caso global”, vivimos en un estado de alarma; nuestro organismo reacciona ante esto con alertas. Yolanda Castro es psicóloga clínica del CHUO. Estos días sigue tratando a los pacientes con patologías en salud mental, “Realizo llamadas a usuarios crónicos o que estaban ya en tratamiento de salud mental”. Como novedad atiende a familiares de enfermos ingresados por Covid-19. “Las familias, al estar en una situación de tensión, de angustia, de no poder acompañar a los familiares, ni visualizar dónde están, ni las personas que los cuidan, una de las primeras patologías que presentan es que duermen mal, les cuesta dormir, o que una vez dormidos, se despiertan muchas veces a lo largo de la noche”. Uno le pregunta por el sueño.
Dormir mal se está convirtiendo en un mal añadido a esta “sociedad enferma”. Los criterios de los profesionales para paliarlo son claros, otra cosa, los resultados. La primera indicación pasa por normalizar el sueño, para ello se requiere una rutina diaria, “que no haya muchas diferencias entre el fin de semana y la semana. Horarios regulares en las comidas, en el ir a la cama y al despertar, y que todo ello sea coincidente con el discurrir solar”. La exposición a la luz solar es necesaria por la aportación de vitamina D. Importante el ejercicio físico, para mantenerse activado, “y conseguir los beneficios del ejercicio, siempre que no se hagan más allá de las 8 de la tarde, para evitar el riesgo de alterarnos”.
Lo de la rutina demandada por los psicólogos en estos tiempos anómalos no es fácil cuando vivimos inmersos en una especie de disciplina militar, que restringe la libertad de elección y de movimientos. Toda esta situación de suspense, de miedo muy real -a la enfermedad, al futuro- supone vivir una sensación de extrañamiento, incluso si alejamos la vista y pesamos en el día después. El estado de alarma decretado por el virus incide en nuestro organismo. “Una conexión más o menos consciente a nivel de activación fisiológica, nos pone en una situación que el organismo identifica como estado de alerta”, apunta Castro. La alerta fisiológica incide de manera diferente en las personas, depende de cómo sea en sí su organismo. Superado los 40 días de confinamiento la actitud vigilante se va normalizando, y acabaremos acostumbrándonos a la nueva situación.
En muchas personas, incluso niños, durante el confinamiento han desarrollado un mecanismo de “evitación”. Es el caso de Inés, que tiene 12 años.
-¿Inés, vas a salir?
-No, no tengo ninguna necesidad.
-¿Qué es, por miedo al virus?
-Bueno, tampoco me da mucha tranquilidad.
Inés es la hija menor de Yolanda Castro, y refleja a la perfección la reacción del organismo ante estas situaciones de alerta. Evitar ciertas acciones por temor.
Estrés por costumbre
Los sicólogos inciden mucho en un termino -físico- de la resiliencia, la capacidad del ser humano por superar situaciones traumáticas. El confinamiento lo pasaremos todos, con diferencias, no es lo mismo en unas determinadas situaciones de confort y de salubridad, que en otras. “Las personas se adaptarán a esta normalidad, otra cuestión es en los casos de mayor vulnerabilidad -pobreza, familias desestructuradas, con problemas de salud mental-, es probable que haya más dificultades de adaptación. La respuesta será distinta en base a lo amueblado que esté cada organismo a nivel emocional, cognitivo”. En muchos casos el sufrimiento de las personas viene motivado también por las cuestiones socioeconómicas futuras, y la incertidumbre.
Si conciliar el sueño no es fácil para los confinados en general, imaginemos en colectivos donde el impacto ha sido fuerte. “Los profesionales sanitarios ahora mismo sí que están teniendo problemas para desconectar, para descansar. En estos casos ya está habiendo un incremento de medicación para dormir en estas personas, que no cura el sueño, es más fácil que lo pueda cronificar después, pero que también es como lo más rápido, lo más fácil”, comenta.
Siempre -dice- lo mejor es encontrar el sueño de una manera natural. Si al salir de esta situación de alarma tendremos que hacer un ejercicio de adaptación a lo que nos espera, al extrañamiento por una nuevas normas de sociabilidad y distanciamiento, el sueño también tendrá mucho que ver en nuestros seguros desvelos.
Si no, como último recurso, después de probar otras vías de agotamiento, siempre nos quedará el viejo truco de contar ovejas. Felices sueños. n
Contenido patrocinado
También te puede interesar