La mezcla de churras y merinas, en el aire

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Desde Alemania se han dado cuenta que no es lo mismo comprar bonos para bajar los tipos de interés de manera generalizada que comprar bonos emitidos por determinados gobiernos de la eurozona.

Imagen del Banco Central Europeo.
Imagen del Banco Central Europeo.

Una parte importante de las nóminas de las empresas españolas está siendo nacionalizada, vía ERTE, por lo que el déficit y la deuda pública aumentarán de manera significativa en 2020. Entre las cosas que sabemos está, pues, el déficit público, que este año podría ser de 120.000 millones de euros, es decir, cuatro veces más que en 2019. Y si a esa cifra le sumamos los vencimientos de deuda pública de este año, otros 85.000 millones, España deberá financiar más de 200.000 millones. ¿Cómo? De eso ya sabemos menos.

En las conversaciones de Madrid con Bruselas se trabaja en torno a una idea hasta ahora poco explicada: los costes transitorios de la pandemia deberán ir por un lado y los compromisos permanentes, por otro. Dicho de otro modo, las posibles ayudas europeas –ya veremos cuáles– se aplicarían a los costes transitorios derivados de la crisis del coronavirus, pero no a los problemas económicos de cada estado miembro, que en el caso de España incluiría, por ejemplo, el anunciado ingreso mínimo vital.

Si bien sobre el papel parece clara la línea divisoria entre unas cosas y otras, en la realidad esto no es así; especialmente si se lo preguntan al vicepresidente del Gobierno de Podemos, Pablo Iglesias. Claro que todo esto lo está negociando la vicepresidenta Nadia Calviño, con lo cual los roces con Bruselas pueden ser menores.

El objetivo debe ser que la crisis sanitaria no derive en una crisis económica monumental, lo cual exige mucha disciplina fiscal, a riesgo de que las desviaciones obliguen, a su vez, a más recortes y a más impuestos, receta ya conocida en España tras la crisis de 2008.

Descartados los eurobonos, en juego está ahora el papel del Banco Central Europeo, ya que no es lo mismo comprar bonos para bajar los tipos de interés de manera generalizada que comprar los bonos emitidos por determinados gobiernos –el de España entre ellos– para contener el aumento de los diferenciales provocado por la intensificación de los temores sobre la solvencia. Es otra fina línea que Alemania vigila con lupa; especialmente su Tribunal Constitucional, que no quiere que Christine Lagarde mezcle ovejas churras (bonos alemanes, resistentes) con ovejas merinas (bonos italianos y españoles).

En paralelo con este debate sobre quien paga las facturas del gasto público necesario, en Europa se da también otro gran debate que tiene que ver con lo que hay que hacer tras esta crisis sanitaria; en buena medida porque ya lo había que hacer, aunque no hubiese Covid-19.

Una de las prioridades que se dan por seguras gira en torno a la energía y el medio ambiente, lo que acelerará las inversiones en renovables. Por tanto, veremos líneas de ayudas a las empresas condicionadas a los compromisos climáticos, donde el carbón tendrá cada vez menos relevancia, ya que se acelerará la transición de la industria de los combustibles fósiles.

Junto a este gran cambio en el mundo de la energía estarán la digitalización y la modernización del sector del automóvil con coches eléctricos. España también debe fijar criterios al respecto, sin perder de vista su interés industrial en la fabricación y venta de vehículos producidos en el país, esto es, coches convencionales híbridos.

Por último, vuelve el ladrillo. Pero un ladrillo distinto. Ahora toca impulsar el sector de la construcción con edificios e infraestructuras verdes. Poco o nada que ver con el pasado.

@J_L_Gomez

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