Beatles en el siglo XXI

VIGO

The Mersey Beatles, también de Liverpool, considerados como la mejor banda tributo, subían anoche al Auditorio. Desde 2002 tocan en The Cavern, el local recuperado donde nació la banda. Beatles es aún todo un fenómeno.

The Mersey Beatles, quizá la mejor banda tributo a la banda mítica, ayer en el Auditorio.
The Mersey Beatles, quizá la mejor banda tributo a la banda mítica, ayer en el Auditorio.

Un fenómeno de la naturaleza del que han protagonizado los Beatles a lo largo de casi medio siglo es un suceso que apenas tiene parangón en la historia socio política de la Edad Contemporánea. Una banda formada por cuatro hijos de la posguerra en una ciudad oscura y deprimida del noroeste de Inglaterra acaba convirtiéndose en un referente universal que no solo obedece a la imposición de un determinado tipo de música sino que plantea innovadoras corrientes creativas en el arte, en las relaciones sociales y incluso en la práctica de la política y la economía con resultados tan espectaculares como inexplicables. Al fin y al cabo y si hay que atender a los propios recuerdos de sus protagonistas, ninguno de ellos era plenamente consciente de que estuviera llevando a cabo una tarea derribaba barreras geopolíticas, y cambiaba el mundo asomando la cabeza desde los cráteres de los obuses abiertos en el suelo por la aviación alemana.

Los Beatles decretaron con su fantástico sonido impregnado de color y de esperanza que el antiguo régimen habías fallecido y que se abrían las puertas a un concepto nuevo. Su mensaje –que paradójicamente no sistematizaron ni interiorizaron para otorgarle patente creativa propia hasta algún tiempo después de haber asomado la cabeza por el universo- se propagó como un relámpago triturando fronteras, regímenes, idiomas y razas. Eran cuatro chicos de la clase trabajadora de la ciudad de Liverpool en la desembocadura del río Mersey, tenía poco más de veinte años y se enteraron de que el planeta era algo más que bruma, gaviotas, lluvia y sirenas de barco cuando alguien les contrató para que tocaran en Hamburgo que era poco menos que Sodoma para sus ojos tiernos de ingleses inocentes nunca hasta entonces salidos de su reducido entorno isleño. Allí aprendieron a batirse noche tras noche, a tocar la guitarra hasta que los dedos echaban sangre y Lennon se quedaba dormido sentado en el retrete. Alguien les metió de matute unas píldoras de la risa que les permitían hacer rock and roll genuinamente inglés con inspiración americana sin reventar hasta bien entrada la madrugada. Un día se quemó por descuido la pantalla de un cine en el que dormían en catres uno al lado del otro. La policía les detuvo, consultó su permiso de residencia y averiguó que George Harrison era menor de edad. Allí se acabó la primera aventura fuera del nido, pero allí se hizo fuerte una manera de hacer música que aún hoy permanece en pleno vigor.

Un episodio popular de tal contundencia reclama la necesidad de conservar intacto ese tesoro. Durante el corto espacio de tiempo en el que los Beatles históricos –James Paul McCartney, John Winston Lennon, George Harrison y Richard Starkey al que acabó conociéndose como Ringo Starr- estuvieron en activo como banda y que no se prolongó más allá de nueve vertiginosos años, les salieron imitadores a destajo. Bandas de adolescentes que aspiraban a ser como ellos y componían canciones en los mismos términos y con las mismas armonías vocales y con idéntico tratamiento instrumental que los originales. Cuando los Beatles llegaron por primera vez a los Estados Unidos el 7 de febrero de 1964 causaron tal estropicio en la industria del espectáculo que el “show business” se volvió loco de remate y se puso a buscar desesperadamente formaciones que les dieran la réplica. Y como no las había, las inventaron. Byrds, Beach Boys, Lovin Spoonful, Monkees, Young Rascalls y tantos y tantos, proceden de esa fiebre por neutralizar a los ingleses de Liverpool que abrieron brecha y abanderaron un curioso fenómeno que acabó por llamarse “la invasión británica”.

Pero medio siglo después, la interpretación de la música de los Beatles ha adquirido un rango académico parejo al aplicado para el estudio de su obra y las formaciones que se dedican a ello se han convertido en bandas tributo de las que “The Mersey Beatles” son una referencia clave. Los músicos que recrean a los Beatles son de una calidad espléndida y su compromiso con el legado de John, George, Paul y Ringo no se reduce a interpretarlo con una fidelidad extraordinaria sino que va mucho más allá. La actitud se extiende hasta el acento, la peculiaridad de su léxico, el vestuario en consonancia con las diferentes épocas de su reinadom y el uso exacto de los instrumentos que les caracterizaron. Nadie homenajea a los Beatles en ningún rincón del planeta sin una batería Ludwig, un bajo Höfner con forma de violín, y unas guitarras Gretsch, Gibson o Rickenbacker. Pero además del mundo anglosajón, existen modélicas bandas tributo en Indonesia, Japón, Rusia, Argentina, Alemania, Italia, Corea, Israel y, por supuesto en España.

El caso de los Mersey Beatles es ejemplar además de un canto de amor paisano y la contribución al género de su ciudad, la que ellos situaron definitivamente en el atlas del género humano. En Liverpool se habla un inglés muy peculiar y los integrantes de esta formación son, ante todo, cuatro buenos y adorables “scousers” como lo eran ellos y resulta un divertid ejercicio escuchar a John residente en los Estados Unidos y conservando el deje nativo y su raíces intactas. Los Mersey Beatles hablan como ellos, utilizan los mismos giros locales que por ejemplo Lennon fue capaz de reflejarlo en las letras de sus canciones -“four of fish and finger pies” dice la letra de Penny Lane compuesta por Paul en la única línea de palabras que John escribió para este himno al recuerdo de juventud- Y además, la piel de esta banda fantástica está impregnada por el aroma y la salitre del río Mersey donde los exegetas de la Historia lo sitúan todo. Gloria a los cuatro chavales del Mersey que escribieron el presente, futuro y pasado, y a sus honrados y legítimos continuadores.n

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