Alfonso Domingo: "La portuguesa fue la última revolución romántica, nos dieron una lección"
Pasó por el set de Atlántico TV para presentar su último libro “Mojar la pólvora. La historia de la UMD y de la Revolución de los Claveles”
Alfonso Domingo (Segovia, 1955) es periodista especializado en información internacional y reportero de guerra. Como escritor publicó novela y ensayo. Pasó por el set de Atlántico TV para presentar su último libro “Mojar la pólvora. La historia de la UMD y de la Revolución de los Claveles”.
¿A qué se refiere con el título, “Mojar la pólvora”?
Es una vieja frase de la Marina española de un combate en 1862. Me la sugirió Xosé Fortes, miembro de la UMD y cuyas palabras están en el libro. Fue la definición que usaron los Militares Demócratas para que el ejército franquista no se convirtiese en un enemigo del pueblo español en una posible transición. Hablamos de 1974, la época de la revolución portuguesa.
¿No todo el ejército apoyaba a Franco?
Afortunadamente no. Había una mínima parte que era demócrata antes y después del 25 de abril. Suponía una esperanza de que dentro de la estructura castrense no todos apoyaban la dictadura, ni estaban a favor de autonomía militar que los situaba por encima de las leyes. Ellos y sus familias se la jugaron. Fue una lucha desigual. Eran un 3% de los militares, unos 800 simpatizantes y 150 miembros activos, pero situados en puestos muy interesantes. No pudieron frenar el 23F, pero sí otros golpes de estado.
¿Y cuál fue el papel del ejército español en la revolución portuguesa?
Ya eran demócratas antes y la revolución fue una inspiración. Si para todo el país supuso ilusión y esperanza, ellos se interesaron por seguir el proceso portugués. Hicieron viajes a Lisboa y hubo contactos. El jefe del servicio secreto portugués, Carlos de Almada Contreiras, se reunió con el jefe de la UMD, Jesús Martín Consuegra, en la Plaza de España. En aquel momento no había móviles y la contraseña era un billete de 20 escudos partido a la mitad.
¿Qué motivó al ejército portugués a dar el paso que faltó en el español?
Fueron tres cosas. La fundamental, las guerras coloniales contra los movimientos de liberación de África. Hubo matanzas indiscriminadas, donde llegaron a utilizar el napalm. Los militares se dieron cuenta de que no iban a ganar esa guerra que solo beneficiaba a una parte pequeña de la sociedad. El segundo, el descontento por una cuestión interna en la que los milicianos, a través de un curso ascendía por delante de los que salían de la escuela militar y por último, el grado de subdesarrollo del país, donde la mitad de los hombres estaban emigrados para no ir al servicio militar y la otra mitad, en la guerra. Toman conciencia de todo eso y es enfrentan a los cimientos del Estado Novo. Se organizaron de una manera maravillosa, con miles de personas implicadas, no hubo un solo chivatazo.
¿Cómo influyó la revolución en el fin del franquismo?
Una parte de los franquistas temió que podía pasar algo parecido, no tanto por el ejército, sino por la sociedad. Había caído en solo día una dictadura tan sólida, con 48 años en el poder, le dio mucho miedo. Hubo una ruptura pactada, en la que miembros del régimen que admitieron en convertirse en democracia. La sociedad tomó nota. Portugal se convirtió en un país en blanco y negro, y se convirtió en un país de color. La revolución tuvo una dimensión estética, bonita. Fue la última revolución romántica. Nos dieron una lección, no solo a los militares, sino a todo el país.
¿Qué fue de la Unión Militar Democrática?
UMD se disolvió. La cúpula fue detenida en el 75, menos Ignacio Domínguez que estaba de vacaciones. Se convirtió en portavoz en el extranjero, protegido por Portugal que le pagó un sueldo de capitán retirado, daba las ruedas de prensa desde París. No se pudo evitar el Consejo de Guerra para los detenidos. Fueron condenados a hasta 8 años, con la expulsión del ejército. En la amnistía del 76 no entraron los militares, aunque sí terroristas. Suárez los indultó, pero tuvieron que esperar diez años a ser exonerados con Alfonso Guerra. Sacrificaron sus carreras y arriesgaron sus vidas porque era profundamente patriotas. Creían que la soberanía residía en el pueblo.
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