Daniel Formoso: "En los juicios hay mucho miedo escénico, o lo controlas o te devora"

"A los cursos de oratoria deberían asistir no solo abogados, sino fiscales, jueces, peritos… De nada sirve adquirir conocimientos si no sabes expresarlos ", dice el abogado, especialista en oratoria procesal y comunicación

Daniel Formoso, en el set de Atlántico TV.
Daniel Formoso, en el set de Atlántico TV.

Convencido de la que la oratoria debería impartirse como asignatura obligatoria desde niños y sobre todo en la Facultad de Derecho, este abogado de Vigo, con más de dos décadas de experiencia y especialista en habilidades de comunicación, lleva años formando a sus compañeros de profesión en este ámbito mediante cursos, el último impartido para Avogados Novos. Considera que la persuasión es el mayor activo de un abogado y que solo con la comunicación es posible conseguirla.

¿Cree que se le da la importancia que realmente tiene el tema de la comunicación en la Abogacía?

Por desgracia no. Es más, hay un absoluto desconocimiento sobre las ventajas que reporta la oratoria procesal, no solo a nivel profesional sino personal. De hecho hay muchos abogados que cuando les propones la idea de asistir a un curso te responden que para qué si ya van a sala todas las semanas. La oratoria es una habilidad como montar en bici o nadar y requiere su práctica. Si un abogado va a sala todos los días adquiere una serie de recursos que no tendría si no acudiese, pero si lo que quiere es convertirse en un magnífico orador, en un magnífico abogado, tiene que conocer las técnicas de la oratoria. Es imprescindible.

¿Puede un abogado jugársela con su exposición en sala?

No es que se la juegue exactamente, pero sí es verdad que nosotros, como abogados, tenemos la responsabilidad de ir los suficientemente preparados para ser eficaces en sala. Tener un control de los nervios, un buen dominio de la escena, realizar bien la práctica de la prueba y la exposición… Eso es lo que nosotros podemos controlar, lo que ya no podemos controlar es el resultado de la sentencia. Pero tanto al juez, como a nuestro cliente le tiene que quedar claro que eres un abogado competente, eficaz cuando actúas en sala.

¿Hay mucho miedo escénico en los abogados?

Hay mucho miedo escénico por desconocimiento y falta de práctica. Todos cuando empezamos a hablar en público le tenemos pánico, hasta el punto de que en EEUU hicieron una encuesta recientemente preguntando a la gente qué es a lo que más temían en esta vida, lo primero era a hablar en público y después a la muerte. El problema en España, es que la enseñanza es cognitiva, se enseña a memorizar, aprender y retener. Está muy bien, pero ¿de qué sirve adquirir conocimientos si no sabes transmitirlos o persuadir al juez? En los países anglosajones tienen muy claro que la oratoria es fundamental, pero aquí no.

En los cursos que imparte ¿qué le dicen sus compañeros sobre cuál es el momento al que le tienen más miedo?

Lo primero que dicen siempre es que se ponen nerviosos y no saben si serán capaces. Pero lo bueno de estas técnicas es que son muy sencillas de aprender y a partir de ahí experimentas un beneficio inmediato. Nuestra mascota es un tigre grande, que llamamos “Canguelo” y que representa el miedo. Siempre va a estar con nosotros. Podemos amaestrarlo para controlar los nervios, o dejar que nos devore, dando lugar a una enfermedad profesional muy común, pero de la que se habla muy poco que es incapacidad profesional transitoria.

¿Considera que esta formación debería extenderse al resto de profesionales del ámbito judicial?

A los cursos deberían acudir todos los profesionales de jueces, procuradores, peritos… Porque es algo que todos vamos a tener que utilizar, pero comentar esto con los jueces es complicado. Tendría que ser una obligatoria asignatura desde pequeño y en nuestra carrera mucho más.

Utiliza mucho el teatro para enseñar oratoria procesal. ¿Son los abogados muy teatreros?

Es una actividad superbeneficiosa, te ayuda a expresarte a dominar la escena, los juicios son como el teatro, y se dicta sentencia al final con aplausos o abucheos. Los jueces no saben lo que se va a representar, a veces dictan sentencia en función de lo que hagamos. Las usamos mucho, para el control de nervios y la expresión corporal.

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