Casi 4.000 personas reciben en Vigo prestaciones de dependencia

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El 10% de la población gallega tiene discapacidad o limitación para la vida diaria y la mitad son dependientes

r.suárez. vigo rsuarez@atlantico.net
Publicado: 16 abr 2017 - 02:23
Raúl y María de la Gracia son un matrimonio de octogenarios que viven en la calle Panamá y reciben ayudas de la Xunta.
Raúl y María de la Gracia son un matrimonio de octogenarios que viven en la calle Panamá y reciben ayudas de la Xunta.

La Consellería de Política Social atiende actualmente en Vigo a 3.692 personas en situación de dependencia, a las que aporta un total de 3.973 prestaciones en distintos programas de ayuda.

Se consideran dependientes las personas que necesitan atención de otra persona o ayudas importantes para realizar actividades de la vida diaria por razones de edad (en Vigo más de 60.000 personas superan los 65 años), enfermedad o discapacidad ligadas a la pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial, así como las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental que requieren de otros apoyos para su autonomía personal.

Las prestaciones de dependencia que se concedieron en la ciudad se reparten en ocho programas distintos. Una de ellas es la relacionada con la asistencia a centros de día, con 829 beneficiarios vigueses, y las residencias, con otras 757 ayudas concedidas. Otra parte importante son las prestaciones económicas para cuidados en el entorno familiar, con 885 ayudas en la ciudad. Al margen de esto, la Xunta de Galicia otorgó 453 prestaciones económicas para la adquisición de un servicio y 2 de asistencia personal. Quedan todavía los 349 beneficiarios del servicio de ayuda a domicilio autonómico, los 248 de la teleasistencia y las 450 ayudas aportadas para la promoción de la autonomía personal.

El 10% de la población gallega (295.000 pesonas) declara alguna discapacidad o limitación para la vida diaria, y más de la mitad (unos 173.000) son dependientes (requieren la ayuda de una tercera persona porque no pueden valerse por sí mismos). Son los datos de la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situación de Dependencia de 2008. La encuesta registró que ese año había 12.709 personas que vivían en centros residenciales, hospitales psiquiátricos, gerontológicos y otros centros para personas con discapacidad, de las que 10.940 tenían alguna discapacidad y 10.156 eran dependientes. En 2008 la Xunta tardaba 800 días en valorar las ayudas, pero los plazos se fueron acortando año tras año y en 2016 se resolvían los expedientes en dos meses.

“La voluntaria de Cruz Roja es muy salada, hay muchos mayores solos”

Raúl González Centeno y María de la Gracia Pereira Abreu, un matrimonio de octogenarios que viven solos en la calle Panamá, en pleno centro de Vigo, son beneficiarios del servicio de teleasistencia de la Xunta y tienen una voluntaria de acompañamiento de Cruz Roja. Él tiene ceguera y párkinson y ella es su cuidadora principal. Raúl nació en un pueblo de Zamora y va a cumplir 87 años en septiembre, mientras que su mujer tiene 84 y nació en la calle Taboada Leal de Vigo. Raúl emigró de joven a Venezuela y se casó por poderes con María de la Gracia. El matrimonio relaciona la pérdida de la visión de Raúl con distintos varapalos que les dio la vida y que afectaron al nervio óptico del marido. El primero fue cuando él estaba en Venezuela y pensó que su mujer había sufrido una trombosis, cuando en realidad era un hermano de su mujer el que estaba enfermo. El segundo ojo dejó de funcionar cuando murió su único hijo, con 36 años por una dolencia cardiaca. “El médico no le dio mucha importancia, con el tiempo dejó de tomar medicación porque pensaba que no tenía nada. Le dio un infarto y fue fulminante. Dejó cuatro hijos, la mayor está en Francia y los otros tres tienen su vida en Venezuela”, explica María.

En la ciudad tienen algunos familiares: “sobrinos que trabajan y tienen su vida como es lógico, no es lo mismo que un hijo”. Por eso, se acogieron al programa de voluntariado de Cruz Roja y están encantados. Una voluntaria les visita una vez al mes, les pregunta como están, charlan de sus cosas y les acompaña al médico, al centro de la Tercera Edad y a otros sitios. “Es una chica joven muy salada, estamos encantados”.

Vivían en Taboada Leal en un edificio sin ascensor y con escaleras de caracol, en las que tuvieron alguna caída, por eso se cambiaron a la calle Panamá y ahora piensan en un nuevo cambio porque pagan mucho de alquiler y porque hay una escalera de piedra y una “cuestecita” que les resulta difícil sobre todo al marido para bajar.

Preguntada por el servicio que presta Cruz Roja y por si les gustaría poder disfrutarlo más días, María de la Gracia opina que “somos tantos que es difícil que haya un voluntario para cada uno de nosotros”. Sabe que hay muchas personas mayores que viven solas en la ciudad y que necesitan de estas atenciones. “Conozco a varios, por ejemplo a una señora que tenía hermanos pero vivía sola. Se murió el año pasado”.

En Vigo se calcula que más de 13.000 personas mayores de 65 años viven en hogares unipersonales, buena parte de ellos en el centro. Es una cifra que va en aumento. Los expertos señalan que en la última década creció un 30% el número de hogares donde vive una persona mayor sola.

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