El acusado de la paliza de Nigrán se retracta y elude entrar en prisión
Tribunales
En un inusual acuerdo suscrito sin haber terminado el juicio, el joven confiesa la autoría y acepta el pago de 120.000 euros a la víctima, a la quedó incapacitada por los golpes
Con el juicio ya en su recta final, y tras haber defendido su inocencia, el joven acusado de propinar una brutal paliza a otro se retractó este lunes en la sección quinta de la Audiencia y logró eludir los 8 años de prisión a los que se enfrentaba.
En un inusual acuerdo de conformidad (habitualmente se suscriben con anterioridad para evitar el juicio), Fiscalía, acusación particular y defensa suscribieron un acuerdo después de que el acusado admitiera los hechos y entregara una parte de la indemnización que se comprometió a pagar si no quiere cumplir los dos años de cárcel impuestos finalmente por un delito de lesiones graves. Así, tendrá que abonar 120.000 euros a la víctima, incapacitada por los golpes recibidos tras una noche de fiesta en el Pazo de Urzaiz, además de 8.300 euros al Sergas, las costas del proceso y tendrá que cumplir un alejamiento del agredido a menos de 200 metros durante un periodo de diez años.
Al haber ingresado 25.000 euros, el fiscal tuvo en cuenta la atenuante de reparación del daño, la de confesión y la de dilaciones indebidas para la conformidad suscrita ayer ante el tribunal que, además, acordó la suspensión de la ejecución de la pena de dos años condicionada no solo al mencionado pago sino también a que no cometa ningún delito durante ese periodo.
Durante su primer testimonio, el joven había relatado que fue la víctima quien le intentó golpear a él y que al esquivarlo lo empujó y se cayó al suelo, pero que después se levantó y se fue.
Sin embargo, el resto de declaraciones que se pudieron escuchar en sala a lo largo de varias jornadas pusieron en serios aprietos su versión. La propia víctima, aunque no recordaba quién le había asestado el primer golpe que le dejó sin capacidad de reacción, si aseguró que antes de ser agredido vio a tres personas que iban tras él e identificó al acusado como una de ellas. También, uno de los empleados del pazo, encargado de los accesos, señaló haber visto al procesado golpeando a la víctima, junto a un grupo al que recriminó su actuación.
La víctima recibió patadas y golpes en la cabeza hasta que perdió el conocimiento y fue hallado tendido en el suelo. Durante su testimonio aseguró que ya no podía ejercer su profesión y que padecía múltiples secuelas no solo físicas sino psicológicas. Tuvo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas y de reconstrucción.
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