Afouteza sanitaria desde el corazón del Celta

La Sede, en la lucha

Tienen en común su trabajo con pacientes con el virus y el miedo a contagiar a la familia

r.suárez. vigo
Publicado: 02 may 2020 - 01:22
Las sanitarias saludan desde el balcón de la sede del Celta que se les dio refugio temporal.
Las sanitarias saludan desde el balcón de la sede del Celta que se les dio refugio temporal.

Profesionales de Povisa, de Fátima y del Cunqueiro conviven en la sede del Celta, que funciona desde principios de marzo como refugio de los sanitarios que atienden a pacientes con coronavirus.

Son principalmente enfermeras y auxiliares, aunque hasta hace poco también residía allí un médico.

Tania, Catalina, Sari y Laura, en el comedor de la sede.
Tania, Catalina, Sari y Laura, en el comedor de la sede.

Les une el trabajo que realizan pero sobre todo el miedo compartido de contagiar a sus familiares, algunos con perfiles de riesgo. Tania, Laura, Vanesa, Selina,Pili, Cata y Sari son las actuales residentes.

Conviven en los espacios que antes estaban reservados para los canteranos del Celta, un club al que estarán eternamente agradecidas por ofrecer estos espacios.

La institución deportiva hizo su oferta además en un momento en que solamente los trabajadores de la sanidad pública tenían la opción de alojarse en hoteles para no contagiar a sus familias pero no estaba previsto para otros hospitales que también atienden el coronavirus.

El futbolín permite reducir el estrés en el tiempo libre.
El futbolín permite reducir el estrés en el tiempo libre.

Estas sanitarias trabajan con los equipos de protección adecuados y dieron negativo en los test, pero están en primera línea del Covid-19 y se sienten más seguras lejos del hogar mientras dure la pandemia.

Tienen turnos de trabajo distintos y no coinciden mucho, pero en sus ratos libres procuran hacer vida en común en la sede celeste. “Hacemos una vida bastante familiar, procuramos comer juntas, jugamos al futbolín o al ajedrez, practicamos un poco de zumba o de deporte, hacemos alguna tertulia entre nosotras. Intentamos relajarnos porque es bastante duro, sobre todo para otra compañera y yo que somos madres de familia”. Esto explica Sari Castro. Ella es una auxiliar de enfermería que fue contratada por el Sergas para trabajar en la Residencia de Moledo.

“No es lo mismo trabajar en el hospital que en una residencia, pero contamos con los equipos de protección individual (EPI) necesarios y te tienes que adaptar a la situación. Somos personal sanitario y tenemos la obligación de ir donde nos mande la sanidad pública”, subraya esta auxiliar de enfermería.

Cuando el Sergas asumió el control de las residencias de mayores y los centros de discapacitados una de las medidas fue reforzar estos centros con personal sanitario y para ello contrataron a cien personas en el área sanitaria de Vigo.

En la sede del Celta las sanitarias tienen cocina y lavandería, y hay personal de limpieza que desinecta todas las estancias. Es como una casa. Además, el director de seguridad del Club, Julio Vargas, está muy pendiente de lo que necesitan y les da ánimo de forma constante. Al final, entre esos ánimos y las tertulias de su tiempo libre tienen la terapia que necesitan para seguir fuertes. Están convencidas de que esta experiencia no la olvidarán nunca. “Nos conocimos aquí, salvo dos compañeras que trabajan en Fátima y con el tiempo descubrimos que teníamos muchos amigos comunes. Cada una venía con sus historias particulares. Cuando esto mejore haremos una quedada. Fue un lujo haber coincidido y llevarnos tan bien, porque convivir con gente de diferentes edades es complicado, pero nos llevamos genial”, aseguran.

“Trabajar en el Príncipe de Asturias fue enriquecedor”

Sari Castro tiene dos hijas y trabajaba como higienista en una clínica dental viguesa hasta que empezó la pandemia. Muchos negocios cerraron de forma temporal durante el Estado de Alarma, pero como ella es también auxiliar de enfermería volvió a apuntarse a la bolsa de empleo del Sergas donde ya había estado. Entonces unas compañeras del Meixoeiro le avisaron de que el Hospital Príncipe de Asturias necesitaba personal con urgencia para cubrir las numerosas bajas de sanitarios que atendían a pacientes Covid. No lo pensó dos veces. Viajó a Madrid donde se encontró con otros trabajadores de Galicia, que iban al Hospital La Paz, y otros procedentes de Cataluña y Andalucía. Se quedó un mes en el Príncipe de Asturias hasta que el Sergas le pidió que volviese porque necesitaban personal para las residencias.

PRUEBA EN VIGO

Además, su hija mayor estudia en Madrid, vive en una residencia de estudiantes y le parecía bien estar cerca de ella. “Llegué a Madrid en un momento muy caótico, muy estresante, pero siempre tuvimos EPIs y la supervisora se preocupó por toda la gente que iba desplazada”. Asegura que su experiencia fue muy buena en Madrid, con mucho compañerismo y un ambiente de trabajo muy bueno. Fue testigo de una marea de donaciones de personas anónimas a los sanitarios, desdc las pizzas que les llegaban para cenar a otras relacionadas con el material de trabajo, y notó también la unidad del equipo sanitario y el respaldo social. “Fue muy enriquecedor para mí”. La peor parte fueron los pacientes que fallecían, no solo personas mayores sino otros más jóvenes. Estos pacientes tuvieron que permanecer aislados como manda el protocolo y morir solos aunque el personal intentaba estar cuando era necesario. Luego se permitió a los familiares despedirse de sus seres queridos durante 15 minutos y con equipos de protección. “Ha sido una pena para mucha gente que ha fallecido”.

Cuando la llamó el Sergas para trabajar, Sari pidió que le hiciesen el test de coronavirus para no exponer a su familia a un riesgo. Dio negativo, y le hablaron de la sede del Celta.

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