El crematorio vigués de mascotas cumple 6 años
Ofrecen una “digna” sepultura a una media de 100 animales al mes
El único crematorio de mascotas de la ciudad, situado en la Rúa do Gandarón, cumple seis años de existencia. En una semana donde los muertos están de moda, los animales también merecen un digno paso a la otra vida. Fundado por la viguesa Belén Abalde, da un servicio de entre 100-120 animales al mes, algo que “está subiendo desde que comenzamos”, también derivado en el aumento de nuevos compañeros de vida de la sociedad viguesa, con más de 50.000 perros.
Las incineraciones pueden ser “individuales o colectivas”. Las primeras son, en términos generales, “muy similares a las que se realizan con una persona”, con la entrega de una urna al propietario, mientras que las segundas “se hacen conjuntamente entre varios animales". El desconocimiento de la nueva Ley de Bienestar Animal hace que muchos usuarios se pregunten cúal es la opción válida para darle sepultura a su mascota: “La incineración siempre es la más recomendada. Luego, se puede enterrar bajo ciertas condiciones en una finca privada, pero para ello tiene que hacerlo una empresa especializada. No puede un particular por su cuenta hacerlo, eso no está permitido”.
Si son servicios individuales, el dueño recibirá una urna como recuerdo de su mejor amigo. “No son como las que podemos imaginar. Están hechas de madera, realizadas por un artesano de Zamora. Son discretas pero funcionales”, indicó Abalde. Como cabía esperar, la mayor parte de los animales fallecidos suelen ser perros o gatos “entre un 90 y 95 por ciento”, aunque también han incinerado durante todo este tiempo a “cobayas, conejos, aves y especies exóticas".
La iniciativa nació tras el fallecimiento de “Trufa”, la mascota de Belén, y de una necesidad de “dar una despedida digna y cariñosa al animal. Cuando fallecen, nos llaman los particulares o los veterinarios (si sucede en una clínica) y vamos a recogerlos”, intentando dar un servicio “muy similar al que recibirían una persona, porque los lazos afectivos con una mascota suelen ser más fuertes que los creados con los humanos”. Además, también tienen que actuar en muchos momentos de terapeutas ante el dolor que algunos clientes sienten tras la defunción del animal: “Ayudamos a la gente. Les preguntamos por momentos de su vida pasada y los acompañamos en su duelo”. Algo que, desafortunadamente, “no muchos entienden que el duelo a pasar pueda ser similar que perder un ser querido, pero la relación con una mascota es muy intensa". Tanto que algunos “no pueden venir al crematorio, son incapaces de verlos sin vida”. Belén, pese a dedicarle a un trabajo “que no es alegre”, intentar dar “mucho apoyo a los clientes”. Algunos incluso “lloran desconsoladamente e intentamos que ese dolor no quede dentro de ellos”. Seis años de dedicación en una semana donde los muertos, animales o personas, son los protagonistas.
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