El difícil día a día en Vigo de familias y personas con discapacidad

vigo

Familias y personas con discapacidad relatan las dificultades de su vida día a día

a.j.pastor. vigo apastor@atlantico.net
Publicado: 03 dic 2017 - 02:25
De izquierda a derecha, Conchi Somoza, Julio Ojea, Javier Fernández, Pilar Álvarez y Estrella Janeiro, quienes abogan por la concienciación.
De izquierda a derecha, Conchi Somoza, Julio Ojea, Javier Fernández, Pilar Álvarez y Estrella Janeiro, quienes abogan por la concienciación.

nnn Javier Fernández, de 44 años, no es como la mayoría. Él disfruta atreviéndose con el puenting o el parapente, deportes extremos que no todo el mundo está dispuesto a probar. Pilar Álvarez, de 54, también es diferente. Es de esas personas con un especial sentido del humor, capaz de hacer soltar una carcajada a los que tiene a su alrededor, de forma natural sin apenas esfuerzo.

Ambos viven en silla de ruedas. Tienen una discapacidad y a pesar de despuntar por sus personalidades se ven obligados a enfrentarse a un día a día, todavía, repleto de obstáculos. “Me gustaría al cine y no tener que ver la película pegado a la pantalla”, comenta Javier, quien, desde hace tres años, está casado.

Pilar no puede desplazarse libremente por el centro de la ciudad y “tampoco puedo ir sola a comer a una cafetería porque me tienen que ayudar”.

Ambos están en la Asociación de Familias de Personas con Parálisis Cerebral y aunque reconocen que ha habido una gran evolución social respecto a las personas con discapacidad, todavía queda mucho por hacer.

“Hace cuarenta años, cuando sólo teníamos una furgoneta, éramos nosotros mismos, los especialistas los que llevamos en los brazos a los usuarios para poder llevarles al centro y realizar actividades”, explica Cochi Somoza, directora gerente de Apamp. Ella aboga por un concepto de “accesibilidad universal para todos”.

Ese concepto va más allá de las simples barreras arquitectónicas. “Cuando yo miro a Javier, le veo a él pero todavía hay gente que ve su silla de ruedas”, explica mientras señala que ser discapacitado no es ser un enfermo.

“Cada minusvalía es diferente”, señala Julio Ojea. Su cuñada también tiene discapacidad y asegura que en cuanto a accesibilidad “todavía estamos en pañales”.

Todos coinciden en que hace años, había personas que no salían de casa por tener una minusvalía, “el concepto de colectivo ha sido fundamental para visibilizarnos”, cuenta Pilar.

Los centros especializados, la distintas actividades e iniciativas que se llevan a cabo por parte de las entidades han supuesto un importante paso cualitativo. “Un día llevé a mi cuñada a la peluquería y cuando fui a buscarla, me encontré con que otras clientas habían hecho una colecta para ella”, cuenta Julio, vicepresidente de Apamp. A Pilar también le ocurrió algo parecido, “fui a comprar unos calcetines y me dieron limosna”.

Estrella Janeiro es madre de un vigués con parálisis cerebral. Recuerda cómo “hasta los 15 años, mi hijo estudió en un colegio normal pero luego me dijeron que ya no había cabida para él”. Ella reconoce que todavía hay muchas dificultades, no sólo de accesibilidad o sociales, también económicas. “Si tuviera dinero para colocar grúas en mi casa podríamos vivir solos mi mujer y yo”, añade Javier.

Estrella se lamenta de que todavía no hay una conciencia global respecto a la diversidad. “Ni siquiera la Administración, no basta con poner plazas de aparcamiento en las calles, son parches”, asegura Julio.n

Contenido patrocinado

stats