la feria de valença se queda sin clientela de ambos lados del miño
LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS
El primer día de confinamiento de 122 municipios portugueses coincidió con el cierre de las principales ciudades gallegas que impidió el éxodo de los miércoles a la feria
"Nunca vi así Valença. En treinta años que trabajo en este café es la primera vez que todo está vacío. No hay españoles y no hay movimiento", comentaba preocupado Adelino, camarero en el único establecimiento de hostelería que permanecía ayer abierto en la céntrica plaza da República y a escasos metros del Ayuntamiento y donde ni siquiera había un vigués tomando café.
Las calles de la fortaleza, siempre llenas de actividad y que con un constante ir y venir de curiosos, máxime un miércoles que coincide con la feria y el día de las colas de coches cruzando la frontera, era un desierto en el que apenas se cruzaban los propios comerciantes. Portugal iniciaba ayer un nuevo confinamiento menos duro que el primero, pero que afecta a 121 municipios, entre los que se encuentra Valença, Caminha y Viana do Castelo. Una situación que se suma al confinamiento perimetral que impidió salir de los municipios durante el puente de los Santos, una festividad con gran tradición en el país vecino y que según recordaba Adelino "eran unos días en los que las calles estaban a reventar de gente, tanto portugueses como españoles".
La preocupación y desánimo parecía haber hecho mella en la mayoría de los comerciantes de Valença. La propietaria de una de las tiendas de moda con más movimiento de la zona explicaba que "desde finales de septiembre todo empezó a caer y la semana pasada, con el cierre del comercio y la imposibilidad de cruzar la frontera desde Galicia dejó la ciudad vacía y con todo cerrado". El cierre fue de tal magnitud que en la fortaleza sólo abrieron tres establecimientos, todos ellos de hostelería. Ayer la situación era de normalidad y "todos esperábamos que volviera a ser como antes del cierre del puente, pero nos hemos encontrado con que no viene nadie. Es así toda la semana".
Los clientes por excelencia del comercio y de la hostelería de Valença "proceden de España, diría que en un 90% son españoles y todo lo que pase del otro lado de la frontera repercute aquí", explicaba la dueña de una boutique". Como ella, Ariana, que regenta un puesto en la vacía feria del miércoles, es de la opinión de que "si no vienen los españoles, no vendemos. La situación que estamos viviendo va a terminar con todo", matizando que "hay que tener precaución por la pandemia, pero si no morimos de la enfermedad lo vamos a hacer de la cura". La situación es un poco mejor en ferias como las de Monçao o Melgaço, donde la dependencia de los visitantes del otro lado del río "es menor. Aquí y en Cerveira las ventas han caído en picado. El dinero que haces no da ni para pagar las cuentas, y si sacas algo hay que dar gracias a Dios".
Adelino trabaja hace 30 años en la fortaleza.
"Impresiona ver así la ciudad, sin gente llenando las calles y los comercios".
Toñi y Fernanda son habituales de Valença.
"Somos dos fieles de comprar en Valença, además nos queda muy cerca de Tomiño".
Ariana no atendió ayer a nadie en la feria.
"Hay muchos que no aguantaron y que ya no vienen, yo seguiré mientras pueda".
Horácio pasó la jornada sin vender nada.
"Tenemos que pedir suerte para todos, la necesitamos de verdad en estos momentos".
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