La fidelidad del cliente salva la hostelería de barrio
LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS
El sector califica de nuevo varapalo el cierre perimetral de Vigo y que solo puedan compartir mesa cinco convivientes
Las nuevas restricciones impuestas por el estado de alarma y el cierre de la ciudad fueron recibidas como un jarro de agua fría por la hostelería. Así, hoy el sector convoca actos de respuesta. La dirección de la Federación de hosteleros se reunirá a lo largo de la mañana para decidir qué medidas tomar, incluidas las acciones legales.
Por parte de los locales y particulares ya anunciaron una protesta con una cacerolada a la puerta de la delegación territorial de la Xunta a partir de la 11;30 horas. Reclaman soluciones para un sector que asegura no poder hace frente a la situación.
Las consecuencias son especialmente graves para los establecimientos del centro, más enfocados en el turismo. Aunque también con mayores dificultades, la hostelería de barrio parece mantenerse gracias a la fidelidad de los clientes de toda la vida.
Consultados por este medio, hosteleros del barrio de Castrelos- Balaídos indican que con el toque de queda pierden las consumiciones de última hora, “pero mejor eso que estar cerrados”, asegura Camilo Martín, de Ponte Romana.
Para Paz Gesteira, de la cafetería Cavanna, la solución para capear al crisis fue reinventarse: “Propuse la comida para llevar a casa y está funcionando muy bien, así evito las aglomeraciones en el local y sigo despachando”.
Con las salas limitadas al 50 por ciento del aforo, se centran en ofrecer servicios en las terrazas, más demandadas y también limitadas a la mitad de su capacidad.
Pese al esfuerzo de adaptación, con estas nuevas restricciones la Federación Provincial de Hostelería (Feprohos) ya ha advertido que muchos negocios acabarán cerrando “porque será inviable mantenerlos abiertos”. Ante esto, la directiva de la Federación anunció que hoy decidirá que medidas tomar, incluso acciones legales, para sacar adelante el sector.
CAMILO MARTÍN
“ALGUIEN TIENE QUE CONTINUAR COTIZANDO Y LO TENEMOS CADA VEZ MÁS DIFÍCIL”
Camilo Martín, de Ponte Romana, entiende que hay que tomar medidas, pero asegura que “alguien tiene que continuar cotizando para poder mantener la sanidad y las pensiones, pero lo tenemos cada vez más difícil; ahora a las diez ya hay que ir empezando a cerrar”. Pepe Collazo, cliente habitual, afirma que seguirá yendo al bar: “Aquí me gusta porque ponen el partido del Celta en la terraza”.
MANUEL IGLESIAS
“LOS CLIENTES PREFIEREN LA TERRAZA, PERO CUANDO LLUEVE ES UN PROBLEMA”
El bar Campos lleva más de 30 años funcionando. Manuel Iglesias tomó el relevo de su suegro al frente de negocio con una clientela fiel: “Prefieren consumir en la terraza y aunque la pescadería vecina me permite colocar mesas cuando llueve es un problema”. Carlos Álvarez, uno de los habituales del local, confirma su preferencia por la terraza, aunque llueva.
FAMILIA LOJO
“SIEMPRE HEMOS PREFERIDO LA TERRAZA, AUNQUE AHORA SON MÁS CERRADAS”
Los Lojo compartían en familia una mesa en una terraza. Padres e hijo, convivientes, cumplían con la normativa. “Con el cierre de Vigo no pudimos ir al pueblo, por lo que hacemos aquí lo haríamos allí, tomar un aperitivo en el bar; siempre hemos preferido la terraza, aunque ahora son más cerradas para evitar el frío”.
PAZ GESTEIRA
“SOY MUY ESTRICTA, SI ME PROTEJO YO, PROTEJO A MIS CLIENTES Y A MI FAMILIA”
Paz Gesteira no permite que en las mesas se sienten más de cinco personas y en la mayoría de los casos asegura saber que son convivientes: “Son clientes de siempre, muy respetuosos con las normas, yo también soy muy estricta, si me protejo yo, protejo a mis clientes y a mi familia, vivo con dos personas de riesgo y hay que tener cuidado; aquí me está yendo bien, pero hay que reinventarse”.
MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ
“HOY TENDRÍAMOS QUE ESTAR LLENOS Y SOLO SALE ALGO DE COMIDA PARA LLEVAR”
Miguel Ángel Fernández regenta el bar Camilo frente a Pereiró. A su local le afectaron las restricciones por partida doble: “Además de la limitación del aforo, la poca afluencia al cementerio se nota mucho, hoy tendríamos que estar llenos y tenemos pocas mesas en sala y la terraza vacía, solo sale algo de comida para llevar”. El bar Camilo lleva más de cuatro décadas abierto y aunque se notó una bajada en los últimos años, nada como lo que están viviendo.
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