Graduación récord en Vigo
Vigo
Unas 1.500 personas participaron ayer en el acto celebrado por la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Vigo en el Auditorio Mar de Vigo, que se quedó pequeño para albergar a los titulados y familiares
El Auditorio Mar de Vigo se quedó ayer pequeño para la mayor graduación de la Universidad de Vigo y que está también entre las más grandes de Galicia en el ámbito tecnológico. Los protagonistas fueron los 318 alumnos de la Escuela de Ingeniería Industrial, de los que 250 son de los seis grados que se imparten y otros 68 que cursaron los distintos másteres del centro. Abarrotaron el Auditorio, con un aforo de 1.438 butacas, los familiares y profesores de los nuevos ingenieros. Colgaron el cartel de completo porque batieron el récord de graduados de los últimos años. Fue un acto conducido por la profesora y concejala electa Ana María Mejías, en el que se mezclaron la solemnidad de la entrega de diplomas a una nueva generación de ingenieros con el sentido del humor en muchas de las intervenciones. Hasta el alcalde, Abel Caballero, que acudió a felicitar a los alumnos y también a sus familias, bromeó al solicitar un proyecto de mecanización del dinoseto o su conversión en mutante para poder pasearlo por todo Vigo y evitar tener que comprar media docena de ejemplares. Además, destacó el papel de los ingenieros en la construcción de la ciudad y señaló que su formación les permite competir con los mejores del mundo. El presidente del Consello Social, Ernesto Pedrosa, les dio la enhorabuena y a continuación intervieron tres alumnos en nombre de todos los graduados que arrancaron numerosas risas y aplausos del público. Definieron la carrera como la cuesta más empinada de Vigo y tras repasar mútliples anécdotas de su vida universitaria y de las materias más duras (como Física), agradecieron el trabajo de los profesores y el apoyo de la familia y amigos. En el acto se emitieron vídeos en los que los ingenieros recibieron felicitaciones y consejos de sus profesores, como no perder nunca la curiosidad y la capacidad de aprender, escuchar al equipo, tratar de cambiar el mundo, no poner límites a sus expectativas y les recordaron que están en la “élite de los ingenieros de España y posiblemente del mundo”. Uno de los momentos más emotivos fue el juramento que hicieron juntos en voz alta del Código Ético Profesión.
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