Otras historias curiosas de personajes del periodismo vigués

Episodios vigueses

El universo del periodismo vigués ha sido históricamente un rico hervidero de anécdotas y personajes diversos

Cunqueiro y periodistas vigueses al inicio de los años 70.
Cunqueiro y periodistas vigueses al inicio de los años 70.

A lo largo de los años es evidente una notable evolución de las relaciones de los cariñosamente llamados “plumillas” con la ciudad y sus gentes. Quiero decir que los periodistas de otro tiempo solían ser personas más populares y relacionadas con el entorno social, pues frecuentaban lugares conocidos, y hasta simbólicos, como fuera en otros tiempos la taberna de Eligio, donde latía el pulso de Vigo, y donde uno se enteraba de todo, ya que aparte de periodistas se encontraba allí con abogados, sindicalistas, políticos, intelectuales diversos, escritores y otro tipo de personajes, siempre interesantes y con algo que contar.

En aquellos días lejanos de los años 70, solamente había en Vigo dos diarios “Faro de Vigo”, todavía en manos de los yernos de las herederas de la saga, y “El Pueblo Gallego”, que pertenecía al “Movimiento Nacional”, y cuatro estaciones de radio, Radio Vigo, la Emisora Sindical, Radio Popular y Radio Nacional. Y era frecuente que quienes pertenecíamos como empleo básico a uno de esos medios colaborásemos en otros. La relación entre los periodistas, por encima de la competencia de los medios, era excelente.

Entre la variedad de personajes de aquel tiempo, de alguno de los cuales ya les he hablado, como el “Hincha Perico” que hacía críticas deportivas en verso, o Angel Barreiro, cronista oficial oficioso del puerto de Vigo de memorables crónicas, hubo otros no menos dignos de ser recordados. En uno de los citados medios, había un periodista muy veterano, que escribía de todo, pero especialmente de deportes y local. En el terreno deportivo, o sea, del Celta, era como el mecanismo ese de ahora que permite identificar las jugadas dudosas, y que ayuda a los árbitros a no equivocarse, llamado “VAR” (Vídeo asistant referee, o sea Asistencia al árbitro por vídeo), y que en una ocasión la armó buena al adjudicar un gol en un decisivo partido a un jugador que le era simpático a quien atribuyó un tanto que no metiera. El asunto fue de tal gravedad, ya que contaba para competir por el “Pichichi” (o sea, el premio al que metiera más goles) que fue tal escándalo que tuvo que intervenir la Federación Española de Fútbol y la Asociación de la Prensa.

Este personaje, con una larga trayectoria laboral en el periodismo, sin duda cansado del oficio, se había dotado de un modo de no tener que molestar demasiado la mollera en las cosas cotidianas. A la redacción del diario donde trabajaba llegaban todos los días el resto de los periódicos editados en España. Y como los problemas de las ciudades en el terreno municipal suelen ser parecidos, copiaba literalmente crónicas de otros lugares, y donde decía Zamora, o Logroño ponía Vigo. Como era evidente, solía tirar a la papelera el periódico del que había copiado el texto que transformaba en su propia crónica. Otro colega se dedicó a recuperar la página del comentario plagiado al lado del falso original. Y así durante años. Comparar lo que se escribía sobre Cartagena y verlo convertido en cuestiones de Vigo era insólito, pero divertido.

Eso del plagio también lo practicaba otro veterano, pero esto más grave, con consecuencias y escándalo. En este caso, el citado dominaba el francés y el inglés, por un trabajo anterior, en un famoso periódico, editado en Tánger, que consistía en recoger, citando la fuente, noticias de otros medios de todo el mundo. Era como un periódico de periódicos. Y se inventó una sección de opinión que firmaba como propia y que era el texto completo, fusilado sin miramientos de una prestigiosa revista internacional. Pero lo descubrieron y la empresa donde se consumaba la copia fue demandada por el despacho de abogados Garrigues que eran sus representantes en España. ¡Menudo lío! De suerte que, para evitar males mayores, se llegó a un acuerdo económico, mediante pacto, que costó a los editores una elevada indemnización.

Este personaje era famoso por su preferencia de noticias morbosas, de suerte que sus colegas llamaban a su sección “sexo y semen”. Era muy curioso la selección de noticias internacionales que solía disponer. Como fuera funcionario en un servicio del Estado en excedencia, antes de su jubilación pidió el reingreso. Como él conociera al dedillo las disposiciones al efecto, al presentarse en la dependencia a la que se reintegrara demandó al jefe de las misma que lo proveyera de “Recado de escribir”, como estaba dispuesto desde antaño, sin que tal orden hubiera cambiado; es decir, pluma y tintero, vigente sí, pero que no se llevaba. Su jefe asombrado no entendía, pero la disposición era clara. No se modificara desde que estaba dispuesto que al funcionario se le entrega “recado de escribir y, en su caso, manguitos. Otro día les cuento más, porque la historia da para rato, como “las jugadas” que unos y otros periodistas de aquel tiempo, se hacían entre sí, como parte del propio juego, sin dejar nunca de ser amigos y tomar unas tazas en el “Eligio”. Por cierto, que tal apelativo le quedaría para siempre a uno de aquí que alcanzaría altas cosas en el periodismo gallego y de las “jugadas”.

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