Inquilinos de un edificio de Teis, obligados a abandonarlo en cinco meses tras su venta
Maby Sarr y sus tres hijos de 14 y 16 años, en la cuerda floja al tener que abandonar su piso en mayo tras la venta del inmueble, “no consigo que me alquilen una vivienda”
En el número 27 de Sanjurjo Badía apenas quedan vecinos. El edificio, de cinco plantas, fue vendido a una empresa que prevé su reforma integral lo que obligó a los inquilinos a marcharse, una vez iban finalizando sus contratos. Las obras han comenzado pero todavía quedan unas cuantas familias que apuran los últimos meses mientras buscan sin mucho éxito una alternativa de alquiler en un momento en el que el mercado está tensionado y los precios por las nubes.
La situación es especialmente delicada para Maby Sarr. Senegalés de 57 años, llegó a España hace más de dos décadas para trabajar de marinero. Tras regularizar sus papeles siguió faenando con el objetivo de poder asentarse con su familia en Vigo. En febrero consiguió empleo en tierra, en una empresa del puerto, y pudo traerse a sus tres hijos mayores, dos gemelos de 14 años y un chico de 16. El sueldo le permitía hacer frente al alquiler en el piso de Sanjurjo Badía, al que pronto se trasladarían su mujer y sus dos hijos menores desde Senegal. Sin embargo, el aviso de la nueva propiedad, que envió un burofax a todos los residentes cuando se produjo la compra, le obliga a tener que buscarse otra vivienda en un plazo de cinco meses, que es cuando finaliza su contrato de arrendamiento y, según asegura, “no consigo alquiler”.
Maby explica que “en todos los pisos me piden un año mínimo de contrato de trabajo pero en esta empresa todavía no lo he cumplido”. Este hombre recuerda todo lo que ha tenido que luchar para conseguir un futuro para su familia, “estuve muchos años en el mar para poder reunir el dinero de las pruebas de ADN de mis hijos con las que poder demostrar que era el padre y que pudieran venir conmigo y, ahora, no sé qué vamos a hacer si no encuentro una vivienda, no podré reunir a toda la familia”.
Su vecino Santiago, también afectado por el cambio de propietarios y en búsqueda de piso, es el apoyo de Maby al que califica de “gran persona". Añade que “sus hijos se han adaptado perfectamente, van al instituto, tienen amigos y ahora las inmobiliarias le exigen una serie de requisitos imposibles,”. A eso se añade el elevado precio de los alquileres, algo que también le afecta a él. Santiago lleva 25 años residiendo en el edificio de Sanjurjo Badía con su mujer,” el contrato terminó en agosto, pero sigo pagando las mensualidades, sé que me tengo que marchar, me están dando tiempo para poder encontrar algo. Está complicado".
Relata que la empresa se está portando bien, “ha habido algún inquilino al que le han perdonado incluso cuotas y le han dado un dinero para poder marcharse, pero el problema está en que tarde o temprano tendremos que irnos y está difícil”.
Él sufre por su vecino senegalés, y por sus hijos, “se merecen rehacer su vida en España, Paco (como llama a Maby cariñosamente) ha trabajado mucho, esperaba poder traer a su mujer y sus otros dos hijos a España, pero no encuentra más que obstáculos. Ojalá me tocara la lotería, yo mismo le pagaría un piso". Con un sueldo al mes de poco más de 1.000 euros, la nómina que le exigen a este vecino senegalés para formalizar un contrato de arrendamiento es demasiado elevada.
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