Kali, nueva inquilina en Vigozoo

Kali, nueva inquilina en Vigozoo

La tigresa, procedente de un parque de Levante, lleva quince días en cuarentena en las instalaciones de A Madroa y comienza esta semana el proceso de introducción con el que será su compañero, Martín

ana baena. ViGO abaena@atlantico.net
Publicado: 20 ago 2017 - 02:00
Kali ocupa dos estancias comunicadas en el interior del recinto de los tigres, lugar donde pasa la cuarentena.
Kali ocupa dos estancias comunicadas en el interior del recinto de los tigres, lugar donde pasa la cuarentena.

“Tiene un carácter muy dócil para un felino salvaje y su estado de forma es muy bueno”, señalan los responsables de Vigozoo de Kali, la última en llegar al parque. Procedente de Levante, lleva quince días de cuarentena en el interior del recinto de los tigres. Martín, el que será su compañero, durmió fuera hasta el viernes para facilitar su adaptación. Estas dos noches los mantuvieron en habitaciones lindantes para que ya se pudiesen oler y escuchar. Por delante queda un largo trabajo para los cuidadores hasta lograr que se acepten. “La introducción en el hábitat es el gran reto, hay que ir paso a paso, ya que un pequeño fallo puede echar todo a perder”, indica Eugenio, quien coordina el trabajo de todo el equipo.

Kali ya cuenta con el resultado de la analítica favorable (las pruebas se hacen al salir del zoo de origen y se repiten al llegar al destino) y tiene buen apetito. El capataz advierte que ha ganado peso en estas semanas. Come fundamentalmente carne congelada de caballo y pollo. La tigresa tiene por delante una difícil misión: ocupar el vacío dejado por Kenia. Víctima de maltrato en un circo, llegó a Vigozoo en 2007 y conquistó a los cuidadores. En octubre falleció a causa de una infección habitual en los felinos. “Casi fue un funeral de Estado”, comentan entre el personal. Desde entonces se puso en marcha la búsqueda de una nueva compañera para Martín. Para los responsables del parque, los animales están mejor con los de su especie, por ello justifican la mayoría de las adquisiciones para cubrir bajas.

Por delante queda un largo proceso de al menos dos semanas más. Sin prisa y con mucho cuidado, buscan la mejor adaptación para la felina. De ello se encargarán los siete cuidadores que trabajan al día en el parque, cuatro por la mañana y tres por la tarde y que redoblan esfuerzos: “No solo les damos la comida y los limpiamos, también procuramos ejercitar sus instintos con actividades; además, sobre todo por la tarde, se requiere personal para atender a los visitantes”, afirman.

Pocholo, el orix criado a golpe de biberón

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Pocholo es, sin duda, el residente más mimado de Vigozoo. Con tres meses, fue criado con biberones por los cuidadores al ser rechazado por su madre. “Había colas para darle de amamantar”, indica Eugenio, quien le ofreció su primera comida. Es un orix de cuernos de Cimatarra. Originario del norte de África, fue domesticado en el Antiguo Egipto, se encuentra en peligro de extinción. Pocholo, que ahora habita un recinto contiguo a su familia, tiene un hermano dos semanas mayor. “Es posible que primero lo juntemos con la otra cría, porque puede ser atacado por la hembra, si pretende mamar”, advierte su cuidador.

Pelayo, el oso convaleciente

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Pelayo es uno de los ejemplares más queridos y consentidos por el personal del parque. A los visitantes les sorprende su cojera, que no le impide seguir disfrutando de largos baños. En un cartel, junto a su hábitat, explican que tuvo que ser sometido a una operación debido a una infección en una pata. Le colocaron un hierro al que se fue acostumbrando. Comparte espacio con Carmo, un ejemplar muy activo. El anterior oso de Vigozoo falleció en 2015 con 32 años, doce por encima de lo habitual.

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