Maite Skinner: de submarinista a profesora de inglés

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Esta viguesa iba para funcionaria de Correos pero un británico se cruzó en su camino. Entre sus múltiples trabajos participó en la cartografía de los fondos marinos de Caimán para el puerto de Georgetown

ana fuentes. vigo
Publicado: 29 nov 2020 - 00:16
Maite Skinner disfruta enseñando inglés
Maite Skinner disfruta enseñando inglés

La historia de Maite Skinner tiene mucho de atípico para una mujer de su época en España. Era una joven viguesa a mediados de los años 50 que iba para funcionaria de Correos y que terminó viviendo en Caimán y en otra decena de países, maestra con vocación y con una característica que define a las audaces: “Yo digo que sí siempre”.

Nació en Vigo en 1936. Su abuelo era jefe de estación y su padre director de Correos y fue este trabajo el que le trajo a Vigo y donde nacieron sus hijos. Maite era una jovencita cuando conoció a James Skinner, un británico que hablaba español porque había nacido en Argentina y que había llegado a Vigo para trabajar en la empresa del Cable Inglés, que llevó a la pareja por todo el mundo. A James lo trasladaron a Chile unos meses después, así que estuvieron dos años escribiéndose cartas y decidieron casarse. “Mis padres (Antonio y Segunda) me decían que si no me casaba no me iba a Chile con él, así que nos casamos por poderes”. Y de eso ya hace 60 años.

Recuerda como anécdota que el representante del novio fue su hermano y “a la salida de la iglesia unas señoras dijeron: fíjate este chico que estaba ayer con otra y hoy se casa con esta”.

Maite ya apuntaba a un vida diferente. “Fui la primera mujer que usó vaqueros en Vigo. Me los mandó James de Argentina. Me los puse sin que me viese mi madre”.

Al día siguiente de casarse por poderes aquella jovencita que nunca había salido de Vigo se fue a Chile, en un viaje que le llevó dos días. Sus padres la llevaron a Madrid y el avión se averió en Dakar, pasaron por Brasil y Argentina y al final el destino. De Chile a Bolivia, donde nació su hija Patricia. “Allí hice teatro con la comunidad británica y fui a nadar en el lago Titicaca, el más alto del mundo. Con los años me bañé también en el Mar Muerto. Así que en el más alto y el más bajo”. Volvieron a Europa, a Inglaterra, “entonces no hablaba casi inglés, así que fui a Essex, donde también estuvo Caballero, y entonces ya tenía dos hijos. Algunas veces tuve que llevarlos conmigo a clase”. Maite recibía clases de inglés y daba clases de español. De vuelta a Vigo fue profesora en el colegio Rosalía de Castro con Antía Cal como directora. “El colegio estaba en Gran Vía y disfruté mucho”.

Su siguiente destino le marcó toda su vida, la isla de Gran Caiman. “Soy una amante del mar y disfruté mucho. Me hice submarinista con un curso de formación. Era duro porque había que tirar todo el equipo al fondo del mar y ponértelo abajo” y “como me gustaba tanto me hicieron secretaria del club de submarinistas y llevaba la gerencia de una tienda de souvernirs de la isla”.

Entre sus múltiples trabajos está su participación en la cartografía de los fondos marinos de Caimán para el puerto de Georgetown. Recuerda que “estuvimos haciendo el estudio en el fondo del mar y un día bajé solo con una camiseta, me dio una hipotermia y me tuvieron que sacar”. Allí también dio clases de español.

“Caimán me marcó en mi vida -confiesa-. Allí no hacía falta casi nada y la gente era feliz. Me influyó para después apreciar otras cosas en la vida”. “En Caimán vivíamos con shorts y chanclas” y recuerda con una sonrisa como un día estábamos en la playa de las Siete Millas y hubo un problema en la oficina y llamaron a James, que se reunió con un ministro en chanclas y con una camiseta mojada”.

El siguiente cambio fue radical. “Nos mandaron a Irán y en Teherán estuve dando clases de inglés en una guardería y a un grupo de señoras mayores”, explica.

Sus hijos les acompañaron mientras eran pequeños. “Hasta segundo de Primaria lo hice con ellos en casa. Entonces se quedaron aquí con mis padres”.

De vuelta en Inglaterra trabajó en una agencia de empleo de chicas españolas que llegaban de “au pair” y el siguiente destino fue EE UU Washington, donde vivió más de ocho años y allí dio clase de inglés a niños de parvulario. “Me encantan los niños pequeños. Yo tuve mucha ilusión por aprender inglés y quería compartir eso. Es delicioso ver como aprenden porque son como esponjas. Tengo espíritu de maestra. Mi hija también es maestra y una nieta”.

En América, además de EE UU y Chile, también vivió en Argentina, Brasil y Bolivia. “Cuando James se jubiló lo llamaron de la empresa para hacer un trabajo especial en Panamá y estuvimos en todo Centroamérica”.

Analiza por qué fue así su vida y asegura que, además de esa actitud que la define de decir siempre que sí, "James siempre me animó a hacer cosas. Me empujó incluso cuando algunas cosas me daban un poco de miedo”.

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