El millonario y las monedas de oro

vigo

Un vigués de 84 años con una abultada fortuna declaró ayer en un juicio contra el que fuera su chofer y mayordomo, acusado de robarle monedas de oro y joyas por valor de 300.000 euros

a.j.p. ViGO localad@atlantico.net
Publicado: 29 abr 2016 - 10:54
El que fuera chofer y persona de confianza del octogenario, ayer, durante el juicio contra él en Penal 1.
El que fuera chofer y persona de confianza del octogenario, ayer, durante el juicio contra él en Penal 1.

Joyas, propiedades, vehículos únicos, empleados, viajes... Un juicio celebrado ayer en el Penal 1 tuvo como protagonista a un multimillonario vigués de 84 años, P.C.F., que sentó en el banquillo al que fuera su chofer y mayordomo, acusado de robar en su vivienda.

El octogenario, con un aspecto envidiable y que realiza viajes a Suiza con asiduidad para sus tratamientos, declaró en la vista donde relató la buena relación que tenía con el acusado D.C., al que consideraba más que un empleado, un amigo. Reconoció que su familia ya tenía fortuna y que su padre le había llegado decir cuando apenas tenía nueve años, que de trabajar, nada. De hecho, aunque estudio Derecho en la Universidad de Derecho, nunca ejerció como abogado porque no tuvo necesidad.

Divorciado de su mujer, de nacionalidad portuguesa y también con una fortuna muy holgada, tuvo dos hijos con los que apenas tiene por lo que vive solo en un dúplex en Toralla, donde cuenta con varios empleados y asistentes.

La historia que ayer le llevó a los juzgados se remonta al año 2012 cuando el octogenario decidió marcharse una temporada a Cuba. Según dijo, el viaje estaba previsto que se prolongara durante varios meses pero decidió acortarlo y presentarse en Vigo quince días después de haberse marchado.

Fue a su vuelta cuando descubrió que le faltaban varias monedas de oro, dos relojes y una bolsa conteniendo piedras semipreciosas. Respecto a las monedas se trataba de 100 soberanos ingleses de oro, 43 monedas Krugerrand de 1 onza y 9 monedas mexicanas de 50 pesas, con un valor aproximado de 100.000 euros. En total, el botín, sumando a las monedas, las piedras preciosas y los relojes asciende a 300.000 euros.

Aunque su chofer se había convertido en su hombre de confianza y tenía acceso a la clave de la caja de fuerte , durante su marcha, éste sólo tenía que ocuparse de trasladar al taller el vehículo mientras que dos asistentas tenían llave para hacer la limpieza de la casa, aseguraron durante el juicio. Uno de los días, D.C. se presentó en la vivienda y entró en la habitación del “señor”, testificó una empleada, quien temió que estuviera buscando unos cheques en blanco que el dueño iba a dejar por si le pasaba algo.

Las dos mujeres aseguraron que estuvieron muy pendientes de lo que hacía el chofer por lo que creen que “ese día no se llevó nada”.

Fue la Policía la que descubrió que el acusado había vendido en un establecimiento de compraventa de oro las monedas denunciadas como sustraídas.

Contenido patrocinado

stats