La mitad de los centros de ocio infantil están cerrados

Vigo

Las consecuencias de la Covid: gran descenso en la demanda, menor número de reservas y desconfianza en la clientela

MARCOS FERRÍN. VIGO
Publicado: 19 ago 2020 - 01:43
Rocío Gallardo, propietaria del centro infantil Popatelas en la Avenida de Castelao.
Rocío Gallardo, propietaria del centro infantil Popatelas en la Avenida de Castelao.

nnn Los locales de ocio infantil sufren un batacazo con la pandemia de la covid. Una veintena de parques tuvieron que cerrar de forma temporal con el estado de alarma el 13 de marzo y tres de definitivamente. Con la "nueva normalidad", los que no echan el cierre, se plantean hacerlo de manera rotunda: si no hay niños, no hay ingresos. A finales de junio, la Xunta avisó que se podía retomar la actividad el día 1 de julio, pero con muchas restricciones para evitar la propagación del virus.

Las medidas que se aprobaron en el DOG del 30 de junio son, entre otras, la reducción del aforo al 75% de su capacidad, el uso obligatorio de mascarilla para los niños y niñas, prohibición de utilizar la piscina de bolas, gomaespuma e hinchables o la desinfección del local dos veces al día. Con esto, los parques infantiles vigueses registraron una gran caída en la demanda, menos reservas y una mayor desconfianza de la clientela. Tanto centros pequeños como grandes vieron dificultades durante la pandemia, sobre todo al entrar en la "nueva normalidad".

Rocío Gallardo, administradora del grupo en redes sociales de ocio infantil de Vigo, explica que el sector no se encuentra dentro de ningún gremio concreto, lo que dificulta la regulación: "Para nosotros no ha habido ningún tipo de partida económica", destaca. Tuvieron que acudir a las ayudas generales, como los créditos ICO o los de IGAPE para la digitalización. Al igual que otros sectores, tuvieron que seguir pagando los gastos fijos, como los del alquiler del local o los préstamos y créditos, pero sin poder abrir. Añade que no tuvieron apoyo económico ni ayudas por parte de ninguna Administración, "ni del Concello, la Xunta, ni del Gobierno".

La también propietaria del centro de ocio infantil Popatelas, reconoce que desde que abrieron no tuvieron ninguna reserva: "No entiendo ese temor de los padres, no somos un foco de contagio, somos un foco de limpieza". Lo compara con otros espacios más frecuentados por niños, como los parques infantiles: "No hay distancia de seguridad ni tanta desinfección". "Hay campamentos que organiza el Concello que están abarrotados, con eso no puedo competir". Respeta todas las medidas necesarias, subraya que se fijaron en todos los detalles.

"Es muy triste, decepcionante y frustrante no poder hacer lo que te gusta y lo que te ha costado tanto", expresa, "no solo económico, es lo emocional". Rocío Gallardo explica que no montó Popatelas pensando en el negocio, sino para realizarse como persona. "He aprendido mucho de cada uno de mis clientes, los 'enanos'. Te ven por la calle y te saludan", confiesa. Hace poco, uno de los niños fue a darle un abrazo, se frena y le dice: "Yo no tengo Covid". "Eso te derrumba", finaliza.

Valeria Martínez, del centro Chikitines, decidió, por su parte, cerrar su local de forma temporal porque no puede soportar los gastos fijos si lo tuviese abierto. Cuenta que viendo la situación actual "es casi imposible". Afirma que cumplen el protocolo, pero a la gente le cuesta adaptarse: "Cuando comenté las normas y cambios, hubo gente que canceló sus reservas"

Explica que tampoco tuvo ayudas económicas: "No puedo acceder a los ICO, solo tuve la ayuda de autónomos en mayo y junio". Ella decidió emprender hace poco, en febrero abrió el local, pero a mediados de marzo tuvo que cerrarlo. En su caso, no recurrió a los ERTE, porque cuando abrieron estaba ella sola y no tenía a nadie contratado. Por ahora, Chikitines permanece cerrado: "Con el comienzo del curso escolar, decidiremos qué hacer, si cerrar definitivo o no".

Goretti Morais, que gestiona el centro Trasnos junto con María Gómez y Sabela Suárez, apunta que tiene una cuarta parte de la afluencia, respecto al año pasado: "En verano teníamos el local lleno". Realizan actividades en el local con niños, aunque no tienen reservas de cumpleaños. Todo esto, sumado a que tienen que seguir pagando los gastos fijos: "No tuvimos rebaja del alquiler, la casera no nos perdonó ningún mes".

Comenta que tenían la intención de reabrir, pero se están planteando un cierre definitivo cuando no puedan hacer frente a los gastos. "Vamos viendo sobre la marcha, no sabemos qué va a pasar", aclara. Morais lamenta la falta de ayudas tanto de la Xunta como del gobierno municipal: "El Concello solo nos quitó 40 euros del impuesto de basuras; estamos trabajando bajo mínimos. Nos vemos sin apoyos", sentencia.n

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