Dos mujeres en lo más alto de los Planeta
Vigo
Los premios más codiciados de la literatura en español recayeron este año en dos mujeres, Eva García Sáenz de Urturi, galardonada con el Planeta 2020 y Sandra Barneda, finalista de esta edición.
Como cada año, ambas salen juntas en una gira de promoción que esta año es peculiar, cambiando los encuentros presenciales por los virtuales. “Aquitania”, ambientada en la Europa del siglo XII y concretamente en los primeros años de Eleanor, duquesa de Aquitania, como reina de Francia, le valió a Sáenz de Urturi el Premio Planeta, dotado con 601.000 euros. “Un océano para llegar a ti” quedó finalista (150.250 euros) con una historia de ficción donde Sandra Barneda propone una trama intimista que se adentra en los silencios y los sentimientos de una familia ante una pérdida inesperada.
Sáenz de Urturi y Barneda presentaron ayer para los lectores de Atlántico las dos novelas premiadas.
EVA GARCÍA SÁENZ DE URTURI
Premio Planeta 2020 con “Aquitania”
“Al escribir uno busca que los protagonistas creen conflictos, con la familia de Eleanor fue fácil”
Recuperada del esfuerzo físico y psicológico que supuso su última novela, “Aquitania”, llega con el aval del Premio Planeta .
Esta novela redescubre a Eleanor de Aquitania, ¿cómo llegó a ella?
La novela parte de un personaje real, pero tan solo de sus primeros años de reinado, desde que tenía 13 a los 25, pero vivió hasta los 82 y cualquier etapa de su vida deja con la boca abierta. Pero esta no es una novela histórica, es un thriller ambientado en la Edad Media, donde quise transmitir el modo de vida de Aquitania en el siglo XII. No solo es Eleanor, también es su familia, Felipa o Ray, personajes fácilmente novelables. Cuando se escribe una novela se busca que los protagonistas creen conflictos y con ellos es muy fácil.
Hay ficción y realidad, ¿en qué dosis?
Todo lo que tiene de thriller es ficción, aunque parte de hechos históricos, la sospechosa muerte del duque de Aquitania en una peregrinación a Compostela el Viernes Santo de 1137 y la muerte del rey de Francia el día que Eleanor, heredera del ducado de Aquitania se casa con Lui, el príncipe heredero con lo que dejan a dos adolescentes al frente de dos poderosos territorios. La arenga de San Bernardo para ir a las cruzadas, los nubladores o la mascacre de Vitry también son verídicos. A través de ellos creo la novela.
¿Eleanor de Aquitania fue una mujer silenciada por la Historia?
Hay varias lecturas historiográficas sobre ella. La leyenda negra dice que en Francia no la quieren, pero es mentira. Aquitania homenajea su memoria, la admira. En cuanto a los cronistas de la época hubo una campaña de difamación en Francia, porque fue ella la que separó del rey, llevándose toda la riqueza que había traído y dejando a Francia humillada y pequeña para casarse con el rey de Inglaterra. El reduccionismo del siglo XIX, totalmente patriarcal, la presentó como culpable y reina infiel. Ahora en el XXI se está recuperando su figura, el poder político y el valor que tuvo como mecenas.
Para escribir la novela viajó por sus escenarios, ¿aún queda huella de esa época?
Siempre lo hago. Estuve en Burdeos, en el palacio de Aquitania, en la torre merovingia o en Poiteirs que conserva el casco histórico medieval, en Chinon y en la abadía de Fontevrault, donde estaban los restos de Eleanor hasta que desaparecieron con la revolución francesa.
¿Habrá segunda parte?
Absolutamente no. Cuando la acabé salí de mi confinamiento para entrar en otro. La pandemia me dio otra perspectiva, quiero vivir lo que me queda. Escribí siete novelas y fueron muy exigentes. Ahora disfrutaré de la literatura, pero sin que me lleve parte de mi vida.
SANDRA BARNEDA
Finalista del Planeta 2020 con “Un océano para llegar a ti”
“He hecho de cirujana emocional para describir sentimientos y que el lector se meta en ellos”
Con un rostro televisivo, Sandra Barneda cruzó ayer la barrera entre el entrevistado y entrevistador para ponerse al otro lado.
¿“Un océano para llegar a ti” habla de silencios, de incomunicación, de sentir?
Es una novela intimista que trata de lo más pequeño y de lo más grande que tenemos. Es un mundo de emociones donde todo va orientado a convertir los ordinario en extraordinario. Refleja los surcos que deja el silencio, los malos entendidos y la falta de comunicación, lo que está detrás del distanciamiento entre un padre y una hija que se ven obligados a volver a hablar ante una pérdida repentina. Salen a la luz cuestiones que habían quedado sin enterrar.
Emocionalmente los personajes están abiertos en canal.
He hecho de cirujana emocional para describir sentimientos. Es una novela contemporánea, quiero que el lector se meta en los personajes y en lo que sienten por eso la descripción es tan precisa.
Y esa cercanía invita a identificarse con ellos. ¿Hay algo de Sandra en Gabriele?
Mis personajes salen de mí, de mi laberinto emocional. Forman parte de mí como un alterego, son míos sin serlo, aunque no me identifico con ellos plenamente. Los he trabajado mucho para sean cercanos. La historia resuena porque es universal, está ubicado en un pueblo, en una familia pequeña que se enfrenta a una tragedia inesperada y tiene que mover pieza. Entonces se pone todo sobre la mesa.
¿Cómo logró equilibrar un universo tan intimista con el ritmo frenético de la televisión?
Son absolutamente distintos, pero se complementan. Para mí es una evasión, me centro encantada en los personajes y echo a volar. Desconecto. Luego me pongo el traje de presentadora de televisión. Escribir es como expiar nuestros demonios. Son mundos paralelos.
¿Es también una novela de confinamiento?
Los escritores siempre estamos muy encerrados. La acabé en el primer confinamiento y cuando comenzamos una pandemia mundial. Es una pérdida de libertad que nos está dejando huella y demuestra que hay que arañar la vida. En la gripe de 1918 estuvieron dos años con mascarilla, luego vinieron los felices años veinte. Nos damos cuenta de ese océano que tenemos que atravesar para acariciar a las personas que queremos y cómo transcurre la vida. Esta novela tiene un final luminoso que indica hacia dónde podemos ir.
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