“A mi padre le preocupaban las dolencias del gallego y le encantaría estar aquí”
vigo
n n nEl protagonismo del acto recayó en el hijo del escritor, el notario César Cunqueiro, que agradeció el nombre elegido para el hospital y explicó la relación de su padre con la medicina en un discurso plagado de referencias a las obras de Cunqueiro y a su vida social. El escritor tenía ya una calle en Vigo, una placa en la casa donde vivió en Marqués de Valladares y daba nombre a un instituto antes de que se “bautizase” al nuevo hospital. César Cunqueiro aseguró que era un nombre apropiado para el hospital porque las obras de su padre mostraban una preocupación por el hombre gallego enfermo, por sus dolencias de tipo psicosomático con sus tratamientos específicos que no son válidos para dolencias de otras culturas, en palabras de César Cunqueiro. Aludió a obras que hacen referencia a la sanidad como “Escola de Menciñeiros”, “Xente de aquí e de acolá” y “Os outros feirantes”, a otras como “Tertulia de boticas prodigiosas y escuela de curanderos” que tratan sobre los preparados farmacéuticos y también relató su actividad durante años como articulista en dos revistas médicas, Jano y Tribuna Médica. En relación con esto, apuntó que Álvaro Cunqueiro escribió un artículo titulado “La curación por” y que hablaba de la curación por un beso, por un cocholate caliente y otros remedios de menciñeiros para “unas enfermedades que no coincidían con la dolencias como las que lleva este Complejo Hospitalario”.
Al margen de esta preocupación constante en su obra, mencionó la importante presencia de médicos en su cículo familiar y también entre sus amistades más íntimas, como el doctor Cabanela y su hijo Miguel, que es actualmente un cirujano de prestigio en Estados Unidos , otros médicos que en algunos casos también fueron escritores y entre los que citó a Rof Carballo, García Sabell, Pimentel, Devesa, Fernández Albor, así como otros doctores que fueron compañeros de tertulia en Vigo como Zunzunegui, Darío Álvarez Blázquez o su cardiólogo, Gabriel Fernández. Al final de su vida también estableció lazos de amistad con los médicos que le trataron en Fátima como Quintáns, Troncoso y Castro, y finalmente en antiguo Hospital Xeral. “Me emocionó al pensar en estos doctores, Luis González y José Sobrado, que lo atendieron de forma fraternal, nunca lo olvidaré”.
Consideró también que el nombre había calado y bromeó diciendo que le sorprendía oír el nombre de Cunqueiro cuando iba en el autobús hasta que se acostumbró a que la gente hablaba del hospital. “A mi padre le encantaría estar aquí viendo este río de gente, de gente importante y de gente sencilla, él siempre trató a todos por igual como ocurre en la Seguridad Social” y añadió que nunca se habla lo suficiente de la calidad de la sanidad pública y de la fidelidad de los profesionales a unos principios deongológicos fundados en la antigua Grecia hace 2.500 años.n
Contenido patrocinado
También te puede interesar