Las parroquias también sufren el cierre de la ciudad

LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS

El cierre de la hostelería, de los centros culturales y actividades de las asociaciones de vecinos ha golpeado duro a los barrios más alejados del centro. El aire libre y el mercado, alternativas de ocio para los residentes

a.j.pastor. ViGO
Publicado: 23 nov 2020 - 00:27
El mercadillo de San Cosme, ayer en Zamáns, uno de los refugios del domingo para los vecinos de Vigo y las parroquias, con los bares cerrados.
El mercadillo de San Cosme, ayer en Zamáns, uno de los refugios del domingo para los vecinos de Vigo y las parroquias, con los bares cerrados.

Ni vinito con los amigos antes de comer, ni reunión familiar en casa de los padres, ni partida para pasar la tarde viendo el fútbol en el bar del barrio. La pandemia ha roto en pedazos las costumbres dominicales de muchos vigueses y ha agravado la crisis de los pequeños hosteleros, los que dan vida a las parroquias.

“Hablan mucho de los negocios del centro, pero aquí hay gente que lo está pasando muy mal”, explica Carlos Pampillón, de la comisión de Fiestas Virxe dos Aflixidos de Zamáns. “Aquí no tenemos tantos contagios, pero el cierre nos afecta como a todos. Al menos tenemos aire libre”, explicaba ayer en el mercadillo de San Cosme, una feria que da algo de oxígeno al entorno.

Desde la Asociación de Vecinos de Cela se ponían todos los mecanismos en marcha para cumplir las medidas de seguridad, “éste es nuestro último recurso y llevamos desde las siete y media aquí para controlar al milímetro que no hay incidencia alguna”, explicaba uno de los miembros.

El buen tiempo volvió a dar algo de vida al entorno, en el que confluyen vecinos no sólo de Zamáns, sino de Valladares, Matamá, Beade, Bembrive, incluso Coruxo.

“No hay ningún bar abierto en nuestra zona, ni restaurante, sólo para llevar y a la feria llevamos tiempo sin venir por la lluvia”, comenta Marta, una vecina de A Garrida, en Valladares.

El cierre de la hostelería se ha dejado notar especialmente los fines de semana en las parroquias. Las propias asociaciones de vecinos hacían un llamamiento recientemente para solicitar ayuda ante la paralización de las actividades de los centros sociales y culturales que dimanizan el barrio. La Asociación Cultural Vila de Bouzas lanzó un mensaje para fomentar el consumo en el barrio, de proximidad, algo que también se ha extendido en el resto de zonas de la ciudad, donde la pandemia ha obligado a cerrar negocios.

Desde chapela a dar un paseo

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María José y Mari Carmen son de Chapela. “Está todo cerrado y vinimos a San Cosme a pasar el domingo y comprar miel”.

El único bar y con encargos

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José Dávila preparaba ayer churrasco y pollo para los feriantes. “Ya no hay donde comer, así que se lo llevan. También cafés”.

El pan sobrevive

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El pan sigue siendo producto de primera necesidad y mantiene la demanda. Carmen afirma que hay ventas todos los domingos.

Un mes en espera

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Begoña llevaba un mes sin abrir su puesto en San Cosme, “por la lluvia”. Dice que hay muchas dificultades por las restricciones.

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