De paseo por Grecia sin salir de Vigo
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La ciudad de Vigo cuenta en sus calles con esculturas y edificaciones que recuerdan clásicos del arte greco-romano. Algunas de ellas de gran tamaño, pero ocultas
Victoria de Samotracia, de Jesús Picón.
La mayor de las estatuas griegas en Vigo es quizá la menos visible por su compleja ubicación. Representa a la diosa helena de la victoria y fue elaborada hacia el año 190 antes de Cristo. La original se encuentra en uno de los principales lugares del museo del Louvre. El nombre de Samotracia se debe al lugar donde fue descubierta: la isla de Samotracia, en el año 1863. La copia local fue realizada por el escultor Jesús Picón y corona el edificio vigués “Albo”, de estilo racionalista, ubicado en la esquina de la calle Urzáiz con la Gran Vía, cuyo proyecto corresponde a la autoría de los arquitectos Francisco Castro Represas y Pedro Alonso Pérez. El edificio también sigue siendo muy conocido como “La Rápida”, por la librería que durante años estuvo abierta en la esquina.
El Sireno, de Francisco Leiro.
Un personaje propio de la mitología homérica, pero en su versión masculina, y por tanto un tritón. Aunque en Vigo siempre se le ha llamado Sireno. La madrugada del 7 de noviembre de 1991 el escultor y la fundición madrileña Capa colocaban las cuatro toneladas de peso del Sireno sobre dos columnas de granito negro de 12 metros de altura que llevaban ya varias semanas instaladas. Su nombre original era "Hombre Pez", pero enseguida pasó a Sireno. Su llegada provocó un auténtico debate local.
Europa raptada, de Juan Oliveira.
Obra culminante que da inicio a la avenida de Europa, recuerda el rapto de la joven fenicia por el rijoso Zeus, que se la llevó mar adentro haciéndose pasar por un hermoso y manso toro. Al parecer, de ahí llegaría el nombre del continente, dado por los fenicios a los pueblos llegados del otro lado del Egeo. Juan Oliveira, autor de los caballos de la plaza de España y de los colocados bajo la cúpula del teatro García Barbón, entre otras obras, realizó la escultura a principios de los años noventa. Tiene siete metros de alto y 1.500 kilos. La princesa fenicia enarbola la bandera europea en un alegato a la entrada de España en el club comunitario.
La Soledad, de Antonio Cominges.
La iglesia estilo greco-romano del Castro es singular en su construcción: imita a La Madelaine de París pero se acerca todavía más a la famosa Maisón Carrée, el templo de orden corintio en Nimes, en Francia, que con el Panteón conforman los ejemplos mejor conservados de arquitectura religiosa del Imperio Romano. Así lo reconoció el propio arquitecto al construir el edificio en los años cincuenta: como en Nimes, lo colocó sobre una escalinata, con un frontispicio con una columnata jónica y en proporciones similares. A modo de curiosidad, es la única iglesia de Vigo que en su fachada principal indica que se trata de un edificio de culto católico. El párroco, Alberto Cuevas, explicó que tuvo que hacerlo porque mucha gente creía que era un museo o una biblioteca.
Hermes-Mercurio. Edificio Príncipe.
Una estatua de gran tamaño del dios del Comercio greco latino (Hermes o Mercurio) preside la fachada de uno de los establecimientos más antiguos de la calle de las tiendas y las compras por excelencia en Vigo. Curiosamente, su presencia casi pasa desapercibida pese a su gran tamaño y encontrarse a la altura de un primer piso. Existe otro Hermes, éste más difícil de localizar todavía, sobre la puerta principal del Banco Pastor en Colón. n
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