El ritual del transporte y venta del ganado en la Ramallosa de 1931

Val miñor

El núcleo nigranés vivió su época dorada desde el punto de vista comercial al concentrar durante 15 años las ferias de la zona

pablo fe.. nigrán
Publicado: 19 abr 2020 - 03:15
Las fotografías realizadas por Aurelio Rey Alar, pertenecientes a su archivo familiar, reflejan a la perfección la intensa actividad  que se desarrollaba en la zona del puente de A Ramallosa.
Las fotografías realizadas por Aurelio Rey Alar, pertenecientes a su archivo familiar, reflejan a la perfección la intensa actividad que se desarrollaba en la zona del puente de A Ramallosa.

Entre 1931 y 1946 el barrio de A Ramallosa, perteneciente a la parroquia nigranesa de San Pedro, funcionó como un auténtico epicentro del comercio de ganado de la zona en donde el trasiego de comerciantes llegados desde diferentes puntos convertían al espacio conocido como "O Campo da Feira" en parada obligada de los vecinos de la comarca.

Del trabajo de recopilación documental elaborada conjuntamente por los historiadores locales Anxo Lemos y Juan González, que en la actualidad es además alcalde de Nigrán, se desprende que tanto el transporte de los animales hasta el punto señalado como las transacciones que allí se realizaban funcionaban bajo unos patrones muy marcados que convertían al procedimiento en un arte o ritual. Así los vecinos que habitualmente prodecían de Vilariño, Camos, Chandebrito, San Pedro o Parada se trasladaban a pie con los animales por delante en el caso de vacas y bueyes, azuzados por unos palos con punta metálica afilada llamados "aguillóns", mientras que con las cabras y ovejas las que iban en cabeza tiraban del resto del rebaño. Con los cerdos la técnica era diferente ya que por un lado llamaban su atención con granos de maíz al tiempo que desde atrás estimulaban su marcha con vara en mano.

El arte de la compra y venta

Ya en A Ramallosa 'el baile' comenzaba en el momento que un comprador potencial se acercaba al vendedor. Normalmente la primera toma de contacto se quedaba ahí y el interesado se iba aparentando desgana por el ejemplar para regresar más tarde. Ahí comenzaba el tira y afloja en el que se buscaba defectos al animal para justificar el regateo. Finalmente y si había trato, éste se cerraba con palmadas en la espalda y marcando la adquisición. Un hecho muy curioso es que todo aquel que fuese a la feria con intención de comprar tenia que llevar cuerdas de casa ya que eran los elementos utilizados para limitar el paso de los ejemplares comprados, y por norma no entraban en el trato. Habitualmente era suficiente con atarle una pata a modo de correa, pero en el caso de caballos y burros se unían de bozal a rabo, mientras que su nuevo dueño se subía al que iba en cabeza al mismo tiempo que le marcaba el camino al resto.

De la de Ramallosa hay constancia desde 1753 pero no fue hasta el S.XX cuando se reguló. Durante todo ese periodo la feria se asentó bajo la picaresca y la evasión de impuestos, algo muy extendido e las transacciones de esa época. El 8 de febrero de 1931 se celebró un pleno extraordinario en el que se trató la conveniencia de centralizar las ferias de O Souto, A Carrasca y O Ceán en A Ramallosa y 12 días después se cerró el contrato de alquiler de los terrenos estableciendo una renta anual de 42 pesetas por 'ferrado'. 15 años después sus propietarios reclamaron la extinción del contrato. Un caso que acabó en los tribunales ante la negativa del Concello. El 7 de mayo de ese mismo año el juez falló a favor de los dueños marcando el final de la feria y de años de prosperidad comercial.

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