“La salida al conflicto catalán está en el pacto de estado que rompió zapatero”
ELVIRA ROCA BAREA Autora de “Fracasología. España y sus élites”
Andaluza de nacimiento y residencia, Elvira Roca Barea tiene muy presente Vigo, “admiro la labor del Instituto de Investigaciones Marinas y cómo se reinventa el sector de la pesca”, afirma.
Explica que su origen en una familia de campo y su matrimonio con un hombre relacionado con el mar, la han marcado: “Considero muy importante el sector primario y estoy pendiente de cualquier noticia que le afecte, creo que es muy positiva la evolución de las pesquerías viguesas, es un tema que me interesa”. Sin embargo, en esta ocasión, es la presentación de su último libro, “Fracasología”, la que la trajo hace unos días a Galicia. Premio Espasa 2019, el jurado lo destacó como “un magnífico ensayo, una revisión audaz que cambia la imagen tradicional de la historia de España y el concepto que los españoles tenemos de nosotros mismos”.
¿Cuándo el concepto de España gozó de buena imagen?
Una realidad histórica de tanto tiempo no se puede reducir o clasificar en una frase. Ha habido distintas épocas. Ha sido un imperio largo, luego un tiempo post-imperial, épocas mejores y peores.
En su ensayo analiza la relación de los españoles con España. ¿Existe una evolución en esta relación?
Existe en función a las circunstancias históricas. Yo me centro desde el siglo XVII hasta ahora y lo hago en la visión que tenían las élites españolas con España. A través del ensayo intento explicar de dónde viene ese rencor que caracteriza esta relación.
Para ello analiza el gusto español por lo afrancesado.
España es el único sitio donde hubo afrancesados. En Inglaterra influenció, pero aquí se materializó. Con el cambio de dinastía y la llegada de los Borbones también lo hizo todo el aparato francés, al tiempo se rechazaba todo lo anterior, relacionado con los Habsburgo.
¿Y qué papel jugó la Generación del 98 la creación de este concepto?
Cuando estudiaba la Generación del 98 también tratamos el problema de España como una realidad matemática. Pero lo cierto es que no están relacionados. En toda Europa se vivía un depresión vinculada a la crisis del cambio de siglo, influenciada por el triunfo de la burguesía que favoreció un sentimiento tremendista y existencialista entre los intelectuales. El vínculo con la guerra con Estados Unidos y Cuba surgió después y provocó la definición de España como un problema. Esta idea justificó ideologías políticas totalitarias.
¿Los nacionalismos periféricos son otra reacción a esa idea de España?
No solo los nacionalismos periféricos se basan en el racismo científico o en lo que consideran anomalías históricas o raciales. En Europa, España se citaba como el fracaso al que llegan las razas cuando no se mantienen puras y se mezclan los semitas, los moros y la aportación americana. Los nacionalismos periféricos son la huida de esa España, la búsqueda de esa raza preexistente y reconstruir cada parte con el arsenal genético que sigue existiendo. Esa idea está en los comentarios que Pujol ha hecho de los andaluces.
Pero, sin embargo, el resto de los Estados europeos con nacionalidades históricas no tienen los mismos problemas de convivencia que en España.
Sí que los tienen. En España nos gusta mucho mirarnos el ombligo, pero Reino Unido tiene un problema muy severo para mantener su unidad con Escocia e Irlanda; lo mismo pasa en Italia con la liga norte o en Francia con Bretaña. En todas partes cuecen habas, pero aquí dramatizamos el problema.
¿Y cuál cree que sería la solución al conflicto catalán?
Hay que buscarla y resistir. La salida está en el pacto de Estado que surgió en la transición y que rompió Zapatero con los nuevos estatutos. No se puede seguir tensionando, ni echar más leña al fuego. Es una irresponsabilidad.n
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