“Toca madera, pero yo todavía tengo los diez dedos de los pies”

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El vigués Javier Bernal no sabía que era diabético hasta hace una década. Su caso no es raro, está entre ese 50% de la población afectada que está sin diagnosticar.

r.s. vigo
Publicado: 06 oct 2019 - 01:34

Ahora toma una pastilla cada 12 horas para controlar el azúcar. Su primer contacto con la enfermedad se produjo por unos zapatos, porque Javier tiene además pie diabético y necesita especiales cuidados.

En una ocasión se sacó los zapatos y vio que tenía sangre en los pies. Pensó que le apretaban y que era una rozadura. Acudió al centro de salud para hacerse la cura pero pasaban los días y la herida no cerraba. Le midieron el azúcar y le salió que tenía 220 en ayunas. Le mandaron hacer análisis pero no le dio más importancia hasta que otro día le apareció una herida en la planta del pie que no paraba de sangrar. Al día siguiente volvió al centro de salud y se alarmaron un poco. Su sobrina, que se pincha insulina desde los 10 años, también tiene pie diabético y al perder la sensibilidad se clavó un tornillo sin darse cuenta. El resultado fue que le tuvieron que amputar un dedo. Sin embargo, la úlcera de Javier fue remitiendo y no fue necesario acudir al cirujano. Más tarde, tuvo nuevos episodios al cortarse las uñas porque “el azúcar me provocó una retinopatía y no veo bien”. Por fin tomó la decisión de no volver a tocar sus pies y va al podólogo cada mes y medio. “Hay días en los que noto que tengo más sensibilidad que otros, por ejemplo duchándome no siento mucho el agua, pero al pisar estando calzado no me pasa”, explica. Javier da gracias porque “toca madera, todavía tengo los diez dedos de los pies”. Se hace controles periódicos y trata de caminar y de cuidar la dieta. “Es muy difícil porque casi todos los alimentos tienen azúcar y a mí no me gusta beber agua, prefiero el refresco de cola cero”.

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