Juezas del deporte vigués: una causa más que justa

8-m día de la mujer

Cristina Fernández, Loreto Pérez, María Bautista y Elena Casal imparten justicia en un mundo del deporte que refleja el machismo de la sociedad pero en evolución positiva

s. alonso. VIGO
Publicado: 08 mar 2020 - 02:09
La viguesa Loreto Pérez
La viguesa Loreto Pérez

Como no son un bloque monolítico, cada una tiene su motivación, su pasado, su presente y su futuro pero todas ellas comparten la asunción de un rol que, como tantos otros, en el patriarcal mundo del deporte –reflejo y, a veces, amplificador de los males de la sociedad– parecía reservado a los hombres. Son cuatro árbitras de Vigo y su área pertenecientes a diversas generaciones y que, aunque no fuese ni sea su principal motor, son adalides del feminismo en la práctica deportiva. Ejercen de juezas en una causa más que justa.

Cristina Fernández (Gondomar, 1963), Loreto Pérez (Vigo, 1976), María Bautista (Vigo, 1978) y Elena Casal (Vigo, 1988) son cuatro referentes del arbitraje en sus respectivas disciplinas, balonmano, atletismo, taekwondo y fútbol, respectivamente. Todas ellas llegaron al mundo arbitral tras un contacto previo con el deporte en cuestión, pero cada una por un resorte final distinto. Cristina, "apasionada del balonmano", ya ejercía de jugadora y entrenadora pero pensó, con acierto, que el arbitraje le permitiría "estar más años en contacto" con su pasión. A Loreto el atletismo le viene de familia, pero el empujón final se lo dio su madrina, que ya era responsable de la materia en Vigo gracias a la que descubrió "una tarea bonita y gratificante" que le permite "formar parte" de los logros de los atletas. A María la canalizó el hecho de que en

taekwondo "la práctica y el arbitraje van entrelazados", con obligación de ir sacando títulos para ponerse nuevos cinturones, pero el paso final llegó tras el reto de su entrenador cuando la oyó criticar la labor arbitral y le dijo: "Si quieres mejorar el nivel del arbitraje, arbitra tú"; y dicho y hecho. Por último, Elena apenas tenía 15 años cuando se decantó por el arbitraje y por una razón de piel: "Cuando veía un partido, la figura que más llamaba mi atención era la del árbitro, el que estaba solo en el campo".

Todas ellas comparten inicios en los que apostar por el arbitraje siendo mujer era ‘rara avis’. Hasta el punto de que muchas recuerdan nombres y apellidos de todas sus compañeras de entonces o de sus predecesoras. En algún caso, simplemente un reflejo de que tampoco había muchas mujeres practicando su deporte. En otro, porque "no fui muy consciente ni le di importancia al hecho de ser pocas mujeres", sostiene Elena. Pero en otros, por prejuicios instalados en la sociedad. "Pensaban que no éramos suficientemente maduras o que por el trabajo o por tener un hijo lo íbamos a dejar", narra Cristina. "El nivel de exigencia era máximo, no me podía permitir el lujo de fallar", rememora haciendo mención a la diferente vara de medir que se utilizaba con ella y con sus compañeros "por una sociedad y una clase dirigente federativa machista".

Con todo, las cuatro no han notado de igual manera esas mayores trabas para ir avanzando en su carrera en el arbitraje. Elena asegura que no cree haber tenido más dificultades por el hecho de ser mujer: "Al principio, cuando pitaba en Tercera Regional, era chocante pero considero que más por la edad que por el género". Tampoco Loreto ha saltado vallas más altas en su camino hacia la internacionalización: "Tengo la suerte de no haber tenido las cosas más difíciles por ser mujer. Aunque es cierto que todavía hay actitudes machistas, también pienso que son cada vez menos, y espero que se reduzcan". Mientras, María se queda en una posición intermedia cuando se le inquiere por su caminar hacia ser internacional: "Sí y no. En las grandes citas se tiende a la paridad, y dado que la ratio del total de Árbitros Internacionales igual es 10 a 1, podría decirse que al contrario. Pero en los primeros años, algunos compañeros de países donde la mujer no puede hacer nada, y mucho menos mandar sobre un hombre, me lo intentaron poner difícil".

La educación del público

Todas coinciden, como es lógico, en que su labor es exactamente igual cuando arbitran a hombres y mujeres. Y, a pesar de que en el pasado árbitras como Cristina han sufrido experiencias muy duras con entrenadores o, sobre todo, aficionados, hoy por hoy sienten que esa presión exterior no es tan fuerte. María lo explica con claridad: "A entrenadores y público les preocupan otros aspectos, pero nunca el que seas hombre o mujer". Elena, de un mundo más volcánico como el fútbol, reseña que "dentro del campo no oigo lo que dicen en la grada. No me siento más presionada que un hombre". Loreto, por su parte, matiza más su consideración al respecto: "Aunque yo no he tenido mayores problemas, sí algunos compañeros han comentado que se dirigían a ellos en lugar de a la mujer que estaba a cargo de la prueba, por el mero hecho de ser mujer. Y cuidado también con los machismos que pretenden vestirse de feminismo, ya que recientemente he leído en redes sociales la opinión de que en pruebas femeninas el juez principal debería ser también una mujer, lo cual considero un error".

Como colofón, cierta dosis de esperanza para el futuro. Tres de las cuatro creen que la situación del arbitraje femenino ha mejorado en los últimos años, con más niñas que se animan a ejercer de juezas y con una sociedad que acepta mejor que este rol sea también femenino. La voz discordante es la más experimentada, Cristina Fernández: "En los últimos años, hay un retroceso muy grande". Un aviso. Juzguen ustedes.n

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